En el corazón de Denver, un hombre lleva una doble vida. De día, Devan es un arrogante y despiadado millonario, dueño de un imperio empresarial que se extiende por todo el mundo. De noche, se transforma en el líder enigmático y temido de una de las...
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Una Diosa alta, morena y con rasgos jamaiquinos y asiáticos. Por el amor de Dios, era impresionante. Mara pensó en qué hacía en la empresa, pues parecía la hermana perdida de Naomi Campbell.
La mujer tamborileaba con las uñas una carpeta que tenía en la mano. El modo en que estaba de pie frente a ellos la hacía parecer más fiera. Miró a Mara con sus ojos verdes como el jade, resopló y la examinó de pies a cabeza.
—Así que no es mentira —soltó acercándose un poco—, viniste a la empresa —añadió mirando a Devan.
Él asintió y de repente le dio un beso rápido en la mejilla.
—Ella es mi esposa —dijo Devan.
—Ya sé quién es. Lo deduje. —Su tono reveló un toque de asco.
Él rodeó la cintura de Mara y miró a la mujer con advertencia.
—Te presento a Grace Fennell. Lleva el departamento de marketing y consigue patrocinadores porque le interesa muchísimo que la Corporación esté a la vanguardia.
—Es un placer. —Mara le ofreció la mano y ella la miró con displicencia antes de darle un apretón tan fuerte que la obligó a retirarla para poder soltarse de aquellas garras.
—No me cabe la menor duda, Emilie, la famosa prometida que estaba en el exterior —dijo con recelo, mirando hacia Devan. Él carraspeó y Mara, que aprendía a cuidarse sola, decidió observarla con una expresión completamente neutra para que viera que su comentario no la había incomodado—. ¿Dónde has estado viviendo todos estos años?
Al final no pudo controlarse más y puso los ojos en blanco.
—Pues... en París —respondió, puesto que ahí era donde la verdadera Emilie había pasado la mitad de su vida, según había dicho Marcela, podía comprobar que la información era cierta.
—¿En serio? —preguntó Grace, subiéndose las gafas sobre el puente de la nariz—. Me parece muy interesante que regreses de Europa y que de repente te cases con un hombre que se ha matado por construir un imperio durante los últimos años.
Conocía bien a qué se refería y sabía que, desde afuera, todos la verían como una oportunista, así que se apartó el pelo de la cara, rodeó también la cintura de Devan y habló con toda la seguridad que pudo.
—Supongo que soy una chica con suerte, ¿no?
Grace dejó escapar el aire lentamente antes de asentir.
—Como digas —masculló—. Perdonen, estaba ocupada con algo importante cuando me han llamado para que viniera a una reunión de emergencia, así que vamos, el tiempo es oro.
Mara torció el gesto.
Genial. La jefa de marketing era una arpía insoportable. Otra no, por favor...