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Devan estuvo muy cerca de ver a Emerson desfallecer entre sus manos, pero fue su esposa la que lo evitó, lanzándose sobre él

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Devan estuvo muy cerca de ver a Emerson desfallecer entre sus manos, pero fue su esposa la que lo evitó, lanzándose sobre él. Mara capturó sus brazos y lo jaló hacia atrás, cayendo con él al suelo. Aun así, no lo soltó.

—¡BASTA! —gritó forcejeando. Devan arremetió una última vez contra Buró, ofuscado en terminar con él. Este quedó tendido en el suelo, respirando atropelladamente—. ¡Devan, cálmate! Escucha mi voz. Todo está bien —le dijo al oído.

—Nada está bien —habló él entre dientes—. ¡Esta rata asquerosa nunca paga por sus actos! —Se sacudió, sabiendo que estaba haciéndole daño a Mara, pero le dio igual, en ese momento era títere de las emociones, de su rabia, del pasado...

—¡No! —insistió ella, y volvió a sujetarlo por la chaqueta del traje negro—, ¡vete de aquí, Emerson! —dijo, evitando que Devan viera la sonrisa jocosa del tipo.

Él se atragantó con su propia ira segundos antes de escuchar cómo Emerson se levantaba y se marchaba.

Se retiró un puñado de cabello que le había caído en la cara, sabía que muchos se enterarían pronto, lo que hacía difícil que lo siguiera moliendo a golpes, como en realidad quería, o cualquier otra cosa que se le pasara por la mente. Pero Emerson lo había provocado.

—Devan... —susurró Mara segundos después, cuando los forcejeos cesaron.

—Suéltame, por favor—ordenó inmóvil.

—No, no lo haré.

—¿Por qué?

—Porque sé bien que irás tras él. —Lo escuchó tragar saliva y después resoplar. Ella no tenía por qué entrometerse y, sin embargo, le importaba lo que le pasara—. Esa rabia no es solo porque se me acercó, ¿cierto?

Devan cerró los ojos.

—Es una cuestión de honor —admitió, recordando todas las veces que Emerson y él se habían enfrentado. No podría olvidar nunca, se sentía lleno de rencor—, con basuras como esa no se puede razonar. Si se te acerca de nuevo, solo cierra tu puño y dale con todas tus fuerzas, y si el golpe en la nariz no tiene éxito, lo pateas en la entrepierna. —Respiró profundamente, estaba luchando con la impotencia—. Tengo que enseñarte tantas cosas...

—Entendido. —Fue soltándolo lentamente y se incorporó para poder mirarlo a los ojos.

Luego, ambos hicieron lo mismo, los ojos de Devan la recorrieron de arriba abajo y los de ella recorrieron su costoso traje, su rostro, que no tenía ningún rasguño, y sus ojos depredadores y gentiles.

—Gracias por parar. —Se sentía aliviada y segura otra vez. Emerson era un idiota por haber provocado así a Devan.

Él cogió la mano de su esposa para tirar de ella hacia arriba y dirigirse a la puerta de aquel lujoso salón, dejando a más de uno con la palabra en la boca, y a Emerson Buró, muriéndose de rabia y humillación.

Red de mentiras ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora