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Mara no se despidió

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Mara no se despidió. Salió de esa casa a paso apurado y pidió un taxi luego del incómodo momento que había vivido. No se extendió más la conversación, ni siquiera le dedicaron más palabras de odio, como solían hacer a cada segundo.

Suspiró. Se encontraba cabizbaja y un tanto comedida. Sabía perfectamente las consecuencias de la decisión que había tomado, esa sería la primera vez que no tenía ganas de separarse y no era agradable.

No dejaba de pensar en porqué Emilie le pidió algo así, su actitud no estaba bien justificada; pero era la perfecta prueba de lo mucho que quería encolerizar a Devan.

Estrujó su rostro, los nervios estaban haciendo añicos su estómago. Echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos, meditando el panorama. Sabía que podía negarse, ignorar la propuesta y rechazar el dinero, sin embargo, había algo que le impedía hacerlo, un sentimiento de protección maternal que superaba su buen juicio.

No tengo otra opción, me divorciaré por Alan.

Mara daría el primer paso, aunque eso le costara una guerra con Devan.

A través del cristal de la ventanilla del taxi, observó a un grupo de empleados pasar la barrera de seguridad de Corporación Delawere, entre ellos iba Abraham Tomson, el supervisor de piso. Parpadeó intentando espantar cualquier rastro de debilidad. Aun no aceptaba que en cuestión de horas había pasado de ser asistente a encargada de limpieza. No dormiría pensando en cómo se protegería del desprecio de ese hombre.

—Señor, ¿cuánto le debo? —preguntó educada, disimulando su temor a bajarse. Estaba intentando hacerse una armadura mental para una batalla que probablemente perdería.

Tenía una corazonada de una nueva oleada de problemas, posiblemente más fuertes de los que ya tenía con los Leister.

Y sí, su suerte no mejoró durante la mañana transcurrida desde su desastrosa visita a la mansión. No había podido encontrar descanso porque Tomson no se la puso fácil. En todo el rato no dejó de darle tareas absurdas.

Al menos, había conseguido tomarse un café, aunque se le revolvió el estómago al enterarse de que el señor García no volvería hasta dentro de un par de días más.

El teléfono móvil sonó en su bolsillo. Y en el momento de dejar el trapeador en su lugar se preguntó cuánto tiempo pasaría antes de que Tomson derramara otra bebida "sin querer".

Hola —dijo una voz grave cuando ella contestó.

—Hola, Devan. —Arrugó el ceño, su estómago parecía desmoronarse.

¿Por qué no has salido? —inquirió—. Estoy con Jack en la entrada. Intenta apurarte porque no tengo toda la vida.

—¿Podrías darme media hora? Incluyendo lo que tarde esta llamada.

Red de mentiras ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora