En el corazón de Denver, un hombre lleva una doble vida. De día, Devan es un arrogante y despiadado millonario, dueño de un imperio empresarial que se extiende por todo el mundo. De noche, se transforma en el líder enigmático y temido de una de las...
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Mara se puso rígida cuando Devan cerró la puerta principal de la casa con un portazo, se había marchado, reteniendo toda esa rabia.
—¡Por el amor de Dios! —exclamó, echándose para atrás con fuerza y tirando la almohada al suelo por el movimiento brusco.
Tenía la boca hinchada y roja, sus pechos se elevaban y su pelo estaba despeinado porque él se lo había revuelto con las manos, aunque no lo sabía porque aún no se veía en un espejo.
Cuando cerró los ojos quiso llorar, había tenido novios en el pasado, pero era la primera vez que se enfrentaba a un hombre así. La acusación en esos ojos negros la hizo sentirse triste y humillada, y eso no era justo porque ambos habían mentido.
—No puedo estar sintiendo tanto por un hombre como Devan, ¡maldita sea! —murmuró agobiada—. ¡Ahora todo será peor!
En lugar de llorar, se levantó de la cama con un gesto dolido que la hacía sentirse como la mayor estúpida del mundo.
—No puedo... —repitió al encerrarse en el baño—. Si le digo toda la verdad, el niño correrá peligro.
Abrió la ducha y se metió bajo el chorro de agua fría, huyendo del calor peligroso que generaba su cuerpo en llamas. Su corazón estrujándose mientras pensaba en el hombre con el que se había casado. El hombre enfurecido que había empuñado un arma para defenderla, el hombre que le había regalado flores, al que le costaba sacar de su cabeza. El hombre al que le había permitido tocarla mientras lo disfrutaba... olvidándose de tantas cosas en el proceso. Un grave error de su parte permitir tanto.
La mirada de Mara se endureció y sus ojos se estrecharon con sospecha. Él sabía de la mentira.
Sabe que no soy Emilie, pero, ¿qué más sabe?
Tenía que tranquilizarlo para calmar su rabia, tenía que hacerle ver que también fue engañada. Marcela había planeado todo, no ella, y definitivamente no dejaría que siguiera pensando que era una oportunista.
Finalmente, salió del baño con una expresión de shock que hacía que su corazón latiera más lento. Cuando sus preocupados ojos repararon en la cama, supo que no podría calmarse del todo. Acercó la nariz a la camisa que Devan había dejado y aspiró el olor que acababa de quitarse del cuerpo, y justo en ese momento, supo que se habría entregado a ese hombre sin pensarlo... Se alteró al saber que nadie jamás la había tocado como él.
Tratando de escapar de ese pensamiento, llegó hasta la puerta de la casa y salió. Era una noche tranquila y la luna llena iluminaba los escalones. Se sentó allí, pero cuando giró la cabeza hacia unos árboles, vio a Jack, el hombre que siempre acompañaba a Devan. Estaba apoyado contra un tronco y la observaba sin disimulo.
—¿Qué haces ahí? ¿Te mandaron a vigilarme? —preguntó.