Arlene apenas pudo dormir. Cuando despertó, mucho antes de que sonara su alarma, calculó que habría dormido alrededor de dos horas... pero no podía relajarse. ¡Al fin se reencontraría con Peter! Además, sería la primera vez que se veían a solas desde el accidente. Ella tenía que demostrarle que estaba ahí para amarlo en las buenas, en las malas, y para siempre. Necesitaba que el encuentro fuera la base para su vida perfecta juntos.
El problema fueron las horas de escuela. La joven incluso se preguntó para qué había asistido. Jolene no la dejó ni mediar palabra. Todo el día estuvo parloteando sobre su club, lo espectacular que sería y todas las ideas que tenía para volverlo un lugar exclusivo y "fuera de este mundo"—y que el AR-RAVE sería el mejor muestrario para eso. Freddy, por su parte, estaba demasiado ocupado en clase; Arlene sabía que su amigo estaba intentando sacar excelentes calificaciones para obtener un lugar en la Parsons School of Design de Nueva York. Aun así, el pelirrojo se tomó un tiempo durante el descanso para enseñarle a su amiga la coreografía de "Bad Romance" y hacerla reír. Eso relajó a la chica un poco...
-¡Arlene! ¿Me estás escuchando? Te he estado preguntando si te gusta el nombre que elegí para el club. ¡L'Extase! Te lo he dicho mil veces pero ni me has dirigido la palabra... ¿Qué no te importa tu fiesta o qué?
-Lo siento Jo, pero la verdad, mi novio es más importante que mi fiesta- fue lo único que respondió Arlene, antes de salir hecha un bólido hacia su Mercedes tan pronto sonó la campana de salida.
A pesar de que aún faltaban horas para su encuentro, Arlene necesitaba todo el tiempo del mundo para asegurarse de verse perfecta. Tras tomar una ducha y alaciarse el cabello, se vació casi media botella de su perfume favorito (Manifesto de Yves Saint Laurent), encendió un cigarro y, desnuda, entró a su vestidor, el cual era del tamaño de la recámara principal de cualquier mansión. Ropa de varios diseñadores, desde Alexander McQueen hasta Zegna, zapatos, vestidos... todo descansaba, inmaculado, al interior del vestidor. Los cajones estaban llenos de diversas joyas. A pesar de que ahí estaban los aretes que Freddy le había ayudado a escoger, Arlene tomó dos pequeños pendientes en forma de esfera que dentro tenían una perla y un diamante. Sus aretes de snowglobe, que habían sido el último regalo de su mamá, antes de que se la llevaran a Heaven's Door. Arlene había cumplido 11 años y su madre se los había regalado "porque sabía que le gustaban esas esferitas con nieve adentro." Desde ese momento, se habían vuelto los aretes favoritos de la chica, y los consideraba de buena suerte o adecuados para alguna ocasión especial... ¿y qué ocasión más especial que ver a su novio y hablar de su próximo aniversario de relación?
Arlene se colocó uno de los aretes. Su madre sólo se los había visto puestos una vez: ese mismo día de su cumpleaños. La pequeña heredera McLauren había decidido estrenarlos inmediatamente. Primera y última vez que Elise McLauren vería a su hija usando los aretes antes de morir internada.
La joven no pudo evitar pensar en el día del funeral de su madre. A veces, le parecía que había pasado demasiado poco tiempo y, a veces, una eternidad.
Había sido extraño, muy extraño. La joven estaba consciente que por ser la huérfana todos los presentes iban a estarse fijando mucho en ella, pero cada que recordaba ese día, Arlene no podía quitarse de encima la impresión de que durante todo ese evento la habían estado observando, incluso más que al cuerpo de su madre. Se había sentido vigilada incluso hasta el final del día, cuando su tía Helen y su prima Goldie habían sido las últimas en retirarse. Ella se había dirigido hacia su cuarto, aún sintiéndose observada. Sin embargo, no lograba recordar que había hecho al cruzar el umbral de su recámara. No se había ido a dormir inmediatamente. Era como si hubiera un brinco entre el final del funeral y el día siguiente. Sin embargo, la psicóloga que la escuela le había asignado para el siguiente ciclo escolar había dicho que no recordar ciertos momentos del funeral de su madre era completamente normal; demasiado trauma, demasiadas emociones, demasiados pensamientos. Le había dicho lo mismo sobre sentirse observada... después de todo, su apellido era el más importante de la isla. Era obvio que ella, al quedar huérfana de madre, estaría en el ojo del huracán, por lo que tampoco había nada de raro en sentirse así. Pues... seguramente, la psicóloga sabía más que ella, por lo que Arlene había concluido que tener recuerdos fragmentados era completamente normal. Le gustaba pensar que había algo normal en su frenética vida, y más ahora con todo lo que estaba sucediendo... las visiones, las pesadillas extrañas...
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Arlene Mania
ParanormalEl dinero, el poder, el legado del apellido más importante de la ciudad... todo eso suena a un sueño hecho realidad... pero, algunas veces, los sueños se convierten en pesadillas... Para Arlene McLauren, la "It girl", de Delia Harbor, esto no es l...
