15. Starfish Mall, 2010

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Arlene entró a uno de los cubículos del baño y lo cerró como pudo. Las manos le temblaban tanto que ni siquiera se sentía con la fuerza de cerrar la puerta. Finalmente dejó caer su bolso al suelo y se desplomó sobre la taza del excusado. Parecía que el mundo daba vueltas alrededor de ella.

La chica recordaba haberse quedado dormida en la casa de Freddy, y después de eso haber soñado con Jake intentando violar a Erin Bates... y sí, disparándose en las rodillas. Pero había sido sólo eso: una pesadilla. Ella había salido, Jake le había guiñado el ojo desde la distancia... y aparentemente, unas horas más tarde, su sueño se había vuelto realidad. Pero... ¿cómo iba a ser eso posible? Solamente que Freddy estuviera mintiendo... pero no tendría sentido. Además, ¿por qué Freddy mentiría narrando un suceso que él definitivamente no conocía? Ella no le había contado nada... Sería idiota pensar que su amigo leía mentes.

Arlene escondió su cara entre sus manos. Ese día no había consumido nada más que cocaína, whisky, y la cerveza que Jake le había dado. Seguramente eso le había causado algún problema. ¿Acaso las drogas y el alcohol le estaban consumiendo el cerebro y entonces lo que ella recordaba era sólo su imaginación? La joven sabía que no llevaba una vida normal, entre su apellido, ser huérfana de madre e hija de padre ausente, pero una cosa era su vida "rara" de celebridad local adolescente y otra cosa era una vida "rara" con pesadillas demasiado reales. Arlene recordó que esa misma noche había soñado con los monstruos en el estacionamiento de Delia Care. Sin embargo, eso definitivamente no había sucedido. Entonces... ¿por qué lo de Jake sí?

La muchacha empezó a llorar. Si las drogas no le estaban destruyendo la mente, entonces su mente se estaba destruyendo sola, al igual que la de su madre. Elise McLauren había pasado su último año de vida recluida en un psiquiátrico por lo que, dijeron los doctores, fue un brote psicótico increíblemente violento que luego se había vuelto esquizofrenia y que ningún medicamento había podido controlar. Arlene casi no había visto a su madre en los meses anteriores a su muerte, debido a que era considerada una paciente "peligrosa". Y tal parecía que ella iba por el mismo camino...

Arlene tuvo que taparse la boca para no empezar a gritar, aunque parecía que sólo ella estaba en el baño. No podía contarle esto a nadie. Jolene seguramente le empezaría a decir que tendría que cuidarse por aquello de que los problemas mentales podrían ser hereditarios, y Peter... bueno, Peter no querría volver con una novia loca. No. Arlene no podía fallar, y mucho menos con su novio. Ya le había fallado muchísimas veces. Lo que tenía que hacer era tragarse sus problemas. Después de todo, no era como si no estuviera acostumbrada a eso.

-Una vez más no me matará- dijo Arlene para sí misma mientras salía del cubículo. Acto seguido se retocó el maquillaje en el espejo del baño, para después salir como si nada. Cuando regresó a la mesa, los jugadores de fútbol ya se habían ido y tanto Jolene como Freddy estaban absortos en el celular, seguramente intentando ignorarse mutuamente.

-¿Y tu novio?- le preguntó Arlene casualmente a su amiga.

-Se tuvo que ir a entrenar, así que por eso me quedé sola con este... para esperarte.

El tono hostil de Jolene no pasó desapercibido para su amiga, quien por un momento no supo qué hacer.

-¿Alguien tiene hambre?- fue lo único que se le ocurrió a la joven McLauren. Necesitaba calmar sus pensamientos, y, por lo visto, calmar los ánimos.

-Arlene, ¿de nuevo pensando en comer? De verdad, no sé cómo puedes tener hambre todo el tiempo. Tienes suerte de poder pagar para que hagan la ropa a tu medida- espetó la rubia mientras guardaba su celular en su bolso, en el cual, por cierto, no se veía ningún libro o libreta.

Arlene ManiaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora