trece

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𖤐



𝐋𝐨𝐥𝐚.

-¿Estoy muerta? - Pregunté con mis uñas clavadas en el volante, y los ojos cerrados.

-Ojalá. - Sentí la voz de Tom. -¡Muévelo! - Habló molesto.

Abrí los ojos, acomodando mis pestañas, estábamos a centímetros de un poste de luz, pero mi mirada se desvió al freno de mano, que estaba levantado.

Vi a Tom, luego al freno, luego a Tom y nuevamente al freno.

Reí con nerviosismo al darme cuenta de que él lo había levantado. -Lo siento tanto...- Palmeé su muslo.

-Tengo el presentimiento que, en otra vida, me destrozaste un auto. - Tom se movió. -Muévete, Lola.

-Desearías que este contigo todas tus vidas. - Bufé quitándome el cinturón de seguridad.

Casi choco, pero... siempre con el cinturón. Y con el labial bien puesto. Muerta pero divina, claro.

-Cállate y muévete. - Tom también lo quitó. Rodeé mis ojos y como pude, a pasos torpes. Me subí encima de él. -¿Cómo pretendes que me mueva si tu trasero esta encima mío?

-La idea era que te muevas tú también. - Le señalé. - ¡Quítate!

-¡Odiosa! ¡Mocosa! - Seguía sin moverse, yo solo sonreí cruzando mis brazos. - ¡Insoportable! - Su mirada se desvió a mis labios. - Mugrosa...- Susurró.

-¿Terminaste? - Pregunté, bajándolo de esa nube. -Muévete.

-Tengo muchísimos insultos para ti, pero...- Me tomo de la cintura, moviéndose.

Pude ver sus calzones en el movimiento. Sus pantalones estaban muy bajos. -¿Por qué usas pantalones tan grandes? - Una vez que Tom ya se había puesto en el asiento del piloto, hablé.

Él rodó los ojos, encendiendo el auto. -No lo entenderías.

-Apuesto que no. - Tom arrancó.

-Es porque tengo una pierna más larga que la otra, y...- Habló cabizbajo. - Me avergüenza.

Por un solo momento, estaba por convencerme, hasta que volteé a ver a su gemelo. - ¿Esta hablando de su pene, ¿verdad? - Señalé a Tom con mi pulgar, mientras Bill asentía rodando los ojos.

Sentí la carcajada de Tom mientras volvía a acomodarme.

Aquí entre nosotros, algo no andaba bien con el auto... Pero Tom no se había percatado de eso. Y ojalá lo haga cuando yo esté en mi casa.

𝗟𝗢𝗟𝗔 | 𝒕𝒐𝒎 𝒌𝒂𝒖𝒍𝒊𝒕𝒛Donde viven las historias. Descúbrelo ahora