-Muévete a la verga- lo choqué con mi hombro, pero me tomó del brazo, atrayéndome a su cuerpo-. ¡Suéltame! - forcejeé.
-Escucha una cosa- me acercó más a él y bufé, traté de apartarlo, pero me habló nuevamente, viendo mis labios-. Coopera, gata.
Fruncí mi ceño y lo empujé fuertemente obligándolo a soltarme-. ¡Respétame, cabrón! ¡Gata tu madre!
Su rostro cambió rotundamente... al igual que el de Bill.
Mire a ambos con confusión y la tensión aumentaba cada vez más y más. Creo que la cagué, pero aún no estoy tan segura.
Bill carraspeó su garganta y miró a Tom quien seguía viéndome con enojo, rabia, asco y demás.
Me incomodé bien cabrón, la verdad.
Bill quiso tomarlo de la muñeca, pero Tom se movió, acercándose a mí. Por inercia di un paso hacia atrás observando como sus manos se formaban en puños y su mandíbula se marcaba más y más.
Llevé una de mis manos al costado de mi pierna inconscientemente, sintiendo no solo mi arma, también mi gas pimienta-. Aléjate- hablé duramente viéndolo a los ojos.
Él seguía acercándose y yo retrocedía lentamente.
-Tom...- Bill habló en un susurro, pero su gemelo hizo oídos sordos.
-¡Aleja-
Fuertemente me acorraló contra la pared del hotel llevando su antebrazo a mi cuello, quedando a centímetros de mi cara. Quedé perpleja.
Noté como tragó saliva y respiraba fuertemente, como si algo en él se hubiese transformado con mi último comentario.
Me mantuve firme, mi mirada sobre él... pero si me asusté.
-Mantén tu puta boca cerrada, Lola- alzó su dedo índice-. ¿Me has entendido?
-T-tom, ya...- Bill se acercó, con pavor.
Yo aún seguía viéndolo con enojo, traté de empujarlo con mi brazo, pero él me empujó nuevamente-. ¡Quítate, joder! ¡Déjame tranquila! - el miedo comenzaba a apoderarse de mí, no me gustaba sentirme vulnerable.