El silencio cayó sobre el bosque como un manto pesado, solo interrumpido por el susurro del viento entre los árboles y el sonido irregular de mi respiración. Me di la vuelta con el corazón palpitando en la garganta y me alejé del lago, furiosa, murmurando entre dientes:
¿Cómo se atreve a echarme así? Como si yo fuera la culpable de todo… —apreté los puños, sintiendo el ardor en los ojos. Bueno, quizás una parte de mí sí lo es, pero no tenía derecho a hablarme de esa manera.
Saqué el teléfono, esperando sentir algo de control, pero la pantalla brilló solo para recordarme lo obvio: sin saldo.
Perfecto. Reí con ironía, mirando el bosque oscuro a mi alrededor.
¿Y ahora qué hago? ¿Esperar a que pase alguien? ¿Pedirle a Asher que me lleve? Ni pensarlo.
No podía depender de él de nuevo, no después de que me había echado. Preferiría dormir aquí... Me senté en una roca junto al camino, mirando hacia la carretera desierta. El viento levantó mi cabello y el frío me recorrió los brazos. Intentaba no llorar, pero la rabia se estaba convirtiendo en un terror frío.
Ojalá pase alguien pronto —susurré, y al oír un crujido seco entre los arbustos, el coraje se me fue. El bosque era inmenso, oscuro. Mi orgullo no valía lo que valía mi seguridad.
El viento movía las ramas con un sonido áspero, y la noche parecía extenderse sin fin. Había pasado más de un cuarto de hora desde que intentaba detener algún coche, pero nadie se detenía. Mis pies dolían y las manos me temblaban del frío.
Entonces, un par de luces apareció en la distancia. Las farolas del auto cortaron la oscuridad, y mi corazón dio un salto. Agité la mano con desesperación hasta que el coche frenó a pocos metros.
El hombre bajó la ventanilla. Su voz sonó amable, pero había algo en su sonrisa que me hizo retroceder un paso.
—¿Qué haces sola a esta hora? —su voz rompió el silencio.
—Estaba tratando de conseguir un taxi —mi voz se quebró un poco—. Me quedé sin saldo y… no sé cómo voy a llegar a casa.
Él soltó una risa grave, casi divertida.
—Tranquila, ha llegado tu héroe. Te llevaré, preciosa.
Al principio creí que era una suerte, pero el modo en que me miraba borró cualquier alivio. Sus ojos recorrían mi cuerpo como si ya me perteneciera.
—Gracias, de verdad, se lo agradezco —un intento torpe de sonrisa se dibujó en mi rostro.
—Todo tiene un precio —salió del auto con la mirada fija en mí.
Retrocedí otro paso.
—Puedo pagarle, tengo dinero conmigo.
—No hablo de dinero. —Su voz bajó, áspera
— Mírate… eres hermosa.
Cuando su mano rozó mi cabello, sentí cómo la sangre se me helaba. Me aparté bruscamente.
—¡No me toque!
Pero él insistió, acortando la distancia, su respiración chocando contra mi rostro. El miedo me cortó la voz, y solo cuando tiró de mi brazo conseguí gritar:
—¡Suéltame!
El eco de mi grito se perdió entre los árboles. Por un segundo, pensé que nadie lo había oído. Hasta que una voz tronó desde la oscuridad:
—¡Suéltala, imbécil!
Asher apareció de repente, corriendo hacia nosotros con una furia que no le había visto nunca. Lo tomó del cuello, empujándolo contra el auto con tal fuerza que el hombre apenas alcanzó a respirar.
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Desilusión
Teen FictionUniversidad, amigas, sueños... y Asher. Un chico que cambiará todo. ¿Vale la pena arriesgarlo todo por amor?
