Pasaron unas horas interminables de espera. Permanecía sentada en la sala, intentando llamar a mi madre y a nuestro tutor, pero no había señal alguna. Cada sonido del hospital me hacía sobresaltar, y cada puerta que se abría me llenaba de ansiedad. Finalmente, la enfermera salió de emergencias y pude acercarme para saber cómo estaba.
Me confirmó que Asher había recibido el antídoto y que ahora estaba estable tras la mordida de una serpiente venenosa. Con un suspiro de alivio, la seguí hasta la habitación.
Ahí estaba él, recostado en la cama, con vendajes que cubrían sus piernas y el rostro pálido, sudado, con la respiración aún agitada por el susto.
—¡Asher! Gracias a Dios, estás bien —corrí hacia él y lo abracé con fuerza, notando cómo sus manos temblaban al apoyarse en mí.
—¡Sí, Eloy… estoy bien! —su voz salió débil; se apoyó apenas en mí—. Tenías razón… debimos quedarnos en el aeropuerto. Si algo te hubiera pasado… no podría perdonármelo.
La enfermera se acercó con una sonrisa amable, pero curiosa:
—Su novia ha estado llorando mucho desde que lo trajeron. Se nota cuánto lo ama.
—¿Novia…? —Asher frunció el ceño, claramente descolocado.
—Sí, su novia —la enfermera se encogió de hombros, con un gesto indiferente—. ¿Acaso no son pareja?
—S-sí… somos pareja, pero de la univ… —Asher abrió la boca para explicarse, pero la frase murió a medio camino cuando un paciente apareció en la puerta y reclamó la atención de la enfermera.
Me quedé en silencio, congelada por la vergüenza. La enfermera estaba convencida de que éramos pareja, Asher yacía en la cama, con el rostro pálido iluminado por la luz blanca del hospital. La habitación estaba silenciosa, solo interrumpida por el suave pitido de los monitores y el zumbido de la luz fluorescente. Me quedé un momento observándolo, sintiendo cómo el frío del suelo se filtraba en mis pies y la tensión en mi pecho se hacía más intensa.
—Señorita Harvey, ¿puede explicarme qué acaba de pasar? —su voz sonaba grave, pero sus labios dibujaban un atisbo de sonrisa, como si disfrutara de mi incomodidad.
Intenté mantener la compostura, con el corazón latiéndome con fuerza.
—Fue un malentendido… la enfermera lo interpretó mal —las palabras me salieron torcidas, sin la firmeza que intenté darles.
Él giró la cabeza hacia la ventana, pensativo, el brillo de la luz reflejándose en sus ojos.
—Parecía bastante segura de lo que decía —murmuró. Su tranquilidad me raspó los nervios.
Suspiré y jugué con los pliegues de mi ropa, tratando de contener la ansiedad.
—Mañana le aclararé todo. No somos nada, y no quiero que piense lo contrario —mi voz temblaba apenas, cargada de preocupación.
Asher bajó la mirada, observando sus pies vendados.
—Si haces eso, creerá que mentimos. — Tal vez sea mejor dejarlo así… por ahora.
—No quiero fingir algo que no somos.
Las palabras me salieron frágiles, casi sin aire.
Él rió suavemente, un sonido apenas audible sobre el zumbido del hospital.
—A veces fingir es más fácil que explicar. Exhaló despacio, sin atreverse a mirarme.
Me quedé de pie, observando cómo se acomodaba entre las sábanas. La luz del hospital delineaba cada rasgo de su rostro, y por un instante lo vi distinto: más humano, más frágil.
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Desilusión
Teen FictionUniversidad, amigas, sueños... y Asher. Un chico que cambiará todo. ¿Vale la pena arriesgarlo todo por amor?
