Me quedé completamente aturdida. Las voces a mi alrededor se desvanecieron y lo único que cruzó por mi mente fue mi madre, mis amigas, todo lo que dejaría atrás aunque solo fuera por unas semanas. Sentí un nudo en el estómago; la emoción y el miedo se entrelazaban como si no supieran quién debía ganar. Representar a la universidad era algo enorme, un honor… pero también una responsabilidad que me asustaba.
Elina fue la primera en reaccionar. Me abrazó con fuerza, riendo emocionada y repitiéndome que lo sabía, que siempre confió en mí. Stella la siguió, rodeándome con sus brazos y diciendo entre risas que tenía razón, que tarde o temprano algo así pasaría. Sus voces sonaban lejanas, pero sus gestos cálidos me hicieron sonreír.
—Tenían razón —mi voz se quebró al asimilarlo—. Pero no sé… se siente extraño, como si algo grande estuviera por comenzar.
—Todo va a estar bien, ya lo verás —me animó Stella con una sonrisa segura.
Las miré a ambas y asentí. Quizás tenían razón. Tal vez ese viaje no solo cambiaría mi carrera, sino también algo dentro de mí.
El profesor se acomodó las gafas y sonrió desde su escritorio antes de hablar, su voz resonó con una mezcla de orgullo y solemnidad.
—Démosle otro gran aplauso a los ganadores. —Esperó unos segundos a que el salón estallara en vítores y palmas—. Para concluir nuestra clase de hoy, debo informarles que el viaje se realizará el próximo lunes, y la competencia comenzará el miércoles por la mañana. Prepárense, estudien y, sobre todo, disfruten la experiencia. Les deseo mucha suerte. ¡Que tengan una feliz tarde!
El murmullo emocionado llenó el aula. Todos comentaban los resultados, algunos felicitaban a Asher y otros me abrazaban al pasar. Stella, Elina y yo salimos juntas al patio, todavía con las sonrisas frescas de la noticia. La brisa de la tarde nos recibió con su aire cálido y ligero, como si el mundo entero nos diera la enhorabuena.
Poco después, vi el auto de mi madre acercarse. Caminé hacia ella, y apenas abrí la puerta, su mirada curiosa me alcanzó.
—Buenas tardes, cariño —su sonrisa serena me tranquilizó—. Te noto un poco preocupada.
Asentí y me acomodé en el asiento.
—Hoy el profesor nos dio la noticia de que nuestra universidad participará en un concurso internacional en Francia… y adivina quién fue elegida.
Sus ojos se iluminaron antes de que pudiera terminar la frase.
—¿A ti?
—Y Asher —una mezcla de alegría y temor se reflejó en mi voz—, casi sin saber cómo sentirme por lo que eso implicaba.
Mi madre sonrió con entusiasmo.
—Pero eso es maravilloso, mi amor. Es una gran oportunidad para ti.
Sus palabras me calmaron. Había estado tan confundida que no había visto el lado bueno. Me recosté en el asiento, dejando que su tono cálido disipara mis dudas.
—Tienes razón, mamá. Si tú lo dices, iré con toda la seguridad del mundo.
Ella sonrió, acariciándome la mejilla.
—Solo serán unas semanas, cielo. Todo saldrá bien.
Llegué a casa y cerré la puerta tras de mí. El silencio de mi habitación me envolvió como un suave abrigo. Me dejé caer sobre la cama, sintiendo cómo el cansancio del día comenzaba a desvanecer mis músculos tensos. Aun así, mi mente no dejaba de dar vueltas sobre la competencia en Francia.
Un torbellino de emociones me recorrió: emoción, nervios, y una pizca de miedo. ¿Y si algo no salía como esperaba?
Pero entonces pensé en Asher, en su sonrisa confiada y en cómo siempre parecía saber qué hacer en los momentos complicados. Un pequeño suspiro escapó de mis labios. Sabía que él estaría allí para protegerme; no necesitaba palabras, solo la certeza de su presencia me daba tranquilidad.
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Desilusión
Novela JuvenilUniversidad, amigas, sueños... y Asher. Un chico que cambiará todo. ¿Vale la pena arriesgarlo todo por amor?
