CAPITULO 19

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El silencio llenó la habitación después de las palabras de Asher. La luz de la mañana se filtraba por la ventana, dibujando sombras suaves sobre las sábanas. Podía oír el leve tic del reloj y el murmullo lejano de la casa, pero todo parecía demasiado quieto entre nosotros.

Asher seguía mirándome, con el ceño ligeramente fruncido, una mezcla de miedo y algo que no supe nombrar. Me incliné hacia él, tratando de descifrar lo que pasaba por su cabeza.

—¿Qué te sucede? —me incliné ligeramente hacia él, la voz suave y cargada de preocupación.

—Nada —apartó la mirada, aunque su gesto lo contradijo.

Lo observé unos segundos, buscando en su rostro una señal de sinceridad.

—Entonces, ¿por qué dijiste eso? —mis ojos no lo soltaban, la voz firme buscando una explicación.

Él soltó un suspiro cansado y se frotó la nuca.

—Solo quise decir que no puedes salir sola. No conocemos nada aquí —sus palabras sonaron más temerosas que autoritarias.

Intenté sonreír, pero mi paciencia se agotaba.

—No iré sola. Estaré con Chris.

Asher intentó levantarse, pero apenas se sostuvo. El esfuerzo lo hizo tensar la mandíbula.

—Si vas, yo también —habló despacio, como si midiera cada palabra—. Si pasa algo, quiero estar contigo.

—Necesitas descansar, Asher.

—Estoy bien —sus piernas temblaban, pero trató de mantenerse firme.

Chris, que había permanecido en silencio, intervino con calma.

—Elowin tiene razón. Acabas de salir del hospital.

—Dije que estoy bien —su voz vibró con frustración, dejándola notar sin necesidad de palabras adicionales.

El ambiente se volvió denso, como si el aire mismo esperara mi reacción. Me giré hacia Chris, intentando mantener la compostura.

—¿Podrías dejarnos a solas un momento? —mis ojos no se apartaron, intentando que entendiera la urgencia.

El clic del cerrojo sonó más fuerte de lo que esperaba. Me quedé quieta unos segundos, mirando la puerta. Algo en la forma en que Asher me miró antes de que Chris saliera me dejó una sensación extraña, como si lo que estaba a punto de decir no fuera solo una discusión más.

Un golpe en la puerta interrumpió el momento. Livia entró suavemente a la habitación, trayendo consigo el olor fresco de jabón y algodón limpio.

—Perdonen la interrupción, muchachos. Les traje unas prendas que creí que podían quedarles —extendió las camisas y pantalones doblados con cuidado hacia nosotros.

—Muchas gracias, Livia —dejé escapar una sonrisa cansada, aliviada de poder dejar atrás por un momento todo lo ocurrido.

—De nada —cerró la puerta tras salir, y un suave clic resonó en la habitación.

El silencio volvió a reinar. Tomé una de las camisas y unos pantalones, me encerré en el baño y me cambié rápido. El agua fría que había pasado por mis manos todavía me dejaba un leve temblor cuando me miré al espejo. Atajé mi cabello con una liga, tratando de domarlo, como si eso bastara para mantener el control de todo lo que sentía.

Al salir, Asher seguía sentado en la cama, observándome en silencio. Su mirada era distinta: tranquila, pero demasiado fija.

—Últimamente estás actuando raro —mis ojos lo seguían con curiosidad, intentando romper el aire denso entre nosotros.

DesilusiónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora