—No es el momento adecuado para preguntar eso, Stella —Elina cruzó los brazos, la ceja arqueada en clara desaprobación.
—Elina tiene razón —mi madre dejó la taza sobre la mesa. El leve golpe resonó, cortando el aire—. Stella, hija, dejemos que los chicos nos cuenten qué sucedió.
—De acuerdo —Stella dio un paso al frente. Sus manos temblaban apenas—. Cuéntenos lo que pasó.
Antes de que pudiera decir una palabra, Asher se inclinó ligeramente hacia mí y murmuró:
—Déjame contarlo yo.
Asentí. De inmediato, todas las miradas se posaron en él.
—Todo comenzó esta tarde —habló con firmeza, aunque el nerviosismo se filtraba en su tono—. Un amigo me llamó: su padre estaba enfermo y necesitaba que le comprara algunas cosas. Al salir del supermercado, vi a Elowin escondida detrás de mi auto, con los ojos muy abiertos. Me dijo, casi sin aliento, que alguien la había seguido desde allí. Por eso se ocultó.
Asher se encogió de hombros y dejó escapar una sonrisa breve.
—No podía dejarla sola, así que le ofrecí llevarla a casa. Primero pasamos por la tienda de mi amigo, entregamos las compras y luego regresamos… pero al intentar arrancar mi auto, nada. La batería había muerto.
Todos guardaron silencio mientras Asher fruncía ligeramente el ceño, como si reviviera el momento. La tensión llenaba la sala, y sentí cada mirada fija en nosotros.
—Por suerte, mi amigo estaba allí —continuó, pasándose la mano por el cabello, visiblemente incómodo—. Nos ayudó, aunque tardaría; los talleres quedaban lejos.
Hizo una breve pausa antes de seguir.
—No había otra opción —me miró—. Nos quedamos bajo el paraguas, frente al auto, mientras él buscaba la batería. La lluvia caía con fuerza sobre el asfalto y, en un momento, me ofrecí a prestarle mi chaqueta. Vi cómo temblaba. Ella se negó al principio, pero insistí… y al final aceptó.
Sus ojos se desviaron por un instante, como si aún escuchara el golpeteo de la lluvia.
—Cuando mi amigo regresó con la batería, ya era tarde —su voz bajó—. Por eso estamos aquí a esta hora.
—¡Hijo! Lo importante es que están bien y ya están aquí con nosotros. —Alzó la mirada, aliviada, mientras su sonrisa se ensanchaba—. Gracias por ayudar a mi hija.
—De nada, señora. Fue un placer —Asher inclinó levemente la cabeza, amable.
—¡Asher, gracias por salvar a nuestra amiga! —Stella dio un paso al frente, aún alterada. —Y perdón por lo de la chaqueta —bajó la mirada. Estaba muy preocupada y ansiosa.
—Está bien, Stella, no te disculpes —Elina le dedicó una sonrisa cansada—. Mejor… ¡démonos un abrazo de tres, como siempre!
Nos acercamos las tres y nos dimos un gran abrazo. Mi madre nos miró con ternura antes de recordarnos que ya era tarde. Nos despedimos y salieron los muchachos juntos de la casa; mañana nos esperaban las clases, pero en ese momento, lo único que sentí fue alivio.
Subí a mi habitación, cerré la puerta y me quité la ropa del día. Puse la alarma sobre la mesita y miré el calendario: mañana ya era viernes. Sonreí al pensar en las horas libres que me esperaban. El cansancio me golpeó de inmediato; me dejé caer sobre la cama y cerré los ojos, sintiendo cómo el sueño me arrullaba lentamente.
Me desperté temprano y, al mirar el reloj, noté que todavía no eran las siete. Aproveché esos minutos para escoger la ropa y los accesorios que llevaría hoy, antes de dejar que el sueño me reclamara otros treinta minutos.
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Desilusión
Novela JuvenilUniversidad, amigas, sueños... y Asher. Un chico que cambiará todo. ¿Vale la pena arriesgarlo todo por amor?
