Frente al sofá, Matthew Müller esperaba con los brazos cruzados y una leve sonrisa, inclinándose ligeramente hacia adelante como si quisiera captar nuestra primera reacción. Sus ojos brillaban con calidez y curiosidad, y su postura relajada transmitía que nos había esperado pacientemente, sin perder la calma ni un instante.
—¡Mira, Eloy! ¡Es el Sr. Matthew! Pensé que no volveríamos a verlo —exclamó Asher, con los ojos brillantes y la emoción a flor de piel.
Corrí hacia él, sin poder ocultar mi alegría.
—¡Sr. Müller, qué gusto verlo de nuevo! Todos creíamos que se había ido sin nosotros —mis manos temblaban levemente de emoción.
—¡Hola, queridos! Lamento haberles preocupado —su voz, cálida y cercana, apaciguó cualquier temor.
—Debo confesar que yo también estaba inquieto. Salí a hacer una llamada y, cuando regresé, ya no estaban. Los busqué por todo el aeropuerto, con una sensación creciente de alarma, hasta que un taxista me dijo que los había llevado a un hospital. Allí me informaron que al joven Asher lo había mordido una serpiente y que, tras darle el alta, alguien se los llevó a su casa para que no tuvieran que quedarse en el hospital.
Se detuvo un momento, observándonos con una mezcla de curiosidad y leve reproche.
—Pero sigo sin entender… ¿por qué no me esperaron?
—Larga historia, Sr. Müller. Lo importante es que estamos juntos de nuevo —mi sonrisa apareció al notar su expresión de alivio.
—¡Esa es la actitud! ¿Listos para ir a Francia? El vuelo sale esta noche. —
Alzó el mentón, visiblemente animado.
—Estamos listos —Asher asintió—, pero antes Elowin y yo debemos despedirnos de Livia.
Se acercó a ella, extendiendo la mano con gratitud.
—Gracias por todo lo que haz hecho por nosotros —apretó suavemente la mano de Livia, inclinando un poco la cabeza en señal de respeto—. No podríamos haber pedido mejor atención.
Me uní a él con una sonrisa, sosteniendo su mirada;
—Sí, de verdad. Su amabilidad y paciencia han sido invaluables. Nunca olvidaremos cuánto nos ayudaron.
Livia correspondió con una sonrisa cálida y los ojos ligeramente húmedos.
—Ha sido un placer cuidar de ustedes. Les deseo lo mejor en la competencia y en todo lo que venga. Recuerden que siempre pueden contar conmigo y no olviden visitarnos.
—Claro, ¿cómo podríamos no hacerlo? De verdad, gracias. Eres una mujer increíble —tomé su mano al decirlo.
—Y tú, Chris, nunca te olvidaremos. Gracias por enseñarnos Roma y por tu compañía. —Asher confirmó mis palabras con un leve asentimiento.
Chris se encogió de hombros con modestia, sonriendo.
Nos despedimos con un último apretón de manos, intercambiando miradas de gratitud y alegría. Luego salimos de la casa, respirando el aire fresco de la tarde. Matthew nos guió hacia su auto, donde nuestras maletas nos esperaban.
Tomamos media hora para llegar al aeropuerto. Con las maletas en mano, esquivamos a pasajeros apresurados y seguimos las señales que nos guiaban hacia nuestro avión.
Mi corazón latía con fuerza; no era solo la emoción de la competencia, sino la sensación de aventura que me envolvía junto a Asher y el Sr. Müller.
—Estoy seguro de que harán un excelente trabajo —el Sr. Müller nos dio una palmadita en el hombro, orgulloso—. Prepárense para una aventura inolvidable en Francia.
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Desilusión
Teen FictionUniversidad, amigas, sueños... y Asher. Un chico que cambiará todo. ¿Vale la pena arriesgarlo todo por amor?
