CAPITULO 6

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La puerta del auto se abrió y, entre el rugido de la lluvia, un chico bajó con un paraguas en la mano. Caminó hacia mí con paso firme. Antes de que pudiera reaccionar, el paraguas se abrió sobre mi cabeza, protegiéndome del aguacero.

Aún no veía su rostro, pero su voz grave me estremeció.

—¡Oye, niña!

Un temblor recorrió mis manos, y un cosquilleo en el estómago me hizo levantar la mirada con cautela. Y ahí estaba.

—Tú… otra vez. ¿Me estabas siguiendo?

—No, para nada —se encogió de hombros, dejando que esa media sonrisa que siempre me irritaba jugara en su rostro—. Solo estoy pasando por aquí.

—¿Pasando? Mejor sigue tu camino, entonces. —Crucé los brazos, intentando que no se notara que me estaba empezando a incomodar su presencia.

—Podría hacerlo… pero estás sola, y la lluvia no parece que vaya a dar tregua —dijo, y la mirada que me lanzó fue lo suficientemente directa como para que un escalofrío recorriera mi espalda.

—¿Y eso por qué te importa? —la dureza se coló en mi voz antes de que pudiera controlarla—. No necesito tu ayuda.

—Digamos que tengo mis razones. —Se inclinó ligeramente hacia mí, y el aire que traía mezclado con la lluvia me golpeó la cara—. Salgo con Stella esta noche y no puedo dejar a la amiga de la chica que me gusta empapada en una calle vacía.

—Ah… ya entiendo —entrecerré los ojos con una sonrisa incrédula—. ¿Me estás usando para lucirte con ella?

Él soltó una risa baja y sin alegría. —Podrías decirlo así. Pero también podrías decir que solo intento que no te mueras de frío antes de llegar a casa.

—No necesito que me salves —di un paso atrás, con los ojos fijos en él—. Si quieres, quédate aquí todo el día.

Él negó con la cabeza, sin perder la calma. —Creo que sería más divertido convencerte de subir al auto. —Extendió la mano hacia la puerta, y su mirada no dejó dudas: no se movería hasta que cediera.

Suspiré, resignada, y mis dedos se tensaron alrededor de la correa del bolso. La lluvia caía sobre mí con fuerza, empapando mis zapatos y el borde de la falda. El viento frío se colaba por la blusa ligera que llevaba, y sentí cómo mis dientes castañeaban.

—Está bien… pero solo por Stella —subí al auto con cuidado, evitando mirarlo directamente.

El sonido del agua golpeando el techo llenaba el silencio. Dentro, el aire cálido y el aroma a cuero hacían que la lluvia que caía afuera se sintiera de otro modo.

No dije nada.

Preferiría estar mojándome sola que admitir que su gesto me había hecho sentir… algo extraño que no estaba lista para reconocer.

El auto arrancó lentamente, y el ritmo constante de las gotas contra el techo parecía marcar cada segundo que pasaba entre nosotros. Cada parpadeo mío se hacía más lento, y a pesar de mis esfuerzos por concentrarme en la carretera frente a mí, sentía que él me observaba en silencio, como si midiera cada reacción mía.

Asher

La miré de reojo, con las manos tensas sobre el volante. El frío se colaba por su blusa delgada y no pude soportar verla temblar. Solté una mano del timón y le puse mi chaqueta sobre los hombros.

El contacto fue breve, pero suficiente para sentir el temblor que recorría su cuerpo. Quise decir algo, cualquier cosa, pero las palabras se me quedaron atascadas. La observé: la forma en que intentaba mantenerse erguida, la curva de sus labios resistiendo una sonrisa.

DesilusiónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora