CAPITULO 7

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La alarma sonó por tercera vez, vibrando sobre la mesa de noche como si quisiera arrancarme del sueño a la fuerza. Gruñí, hundí el rostro en la almohada y, tras unos segundos de resignación, me obligué a incorporarme. Sentí el piso frío bajo los pies.

La ducha fue tan helada que me arrancó un suspiro, pero al menos espantó el cansancio que aún me nublaba la cabeza. Frente al armario, pasé los dedos por la tela de varios vestidos antes de decidirme por uno largo, verde con flores. Era cómodo, sencillo, y me hacía sentir un poco más despierta. Me até el cabello sin mucho cuidado y me puse los tenis.

El olor a pan tostado me recibió en la cocina. Sobre la mesa, el desayuno ya estaba servido: Sonreí. Ella es tan madrugadora que hasta su negación de serlo resultaba parte de la rutina.

Comí rápido, sin mucho apetito, y tomé mi mochila. Afuera, el cielo aún tenía un tono gris pálido. Mamá ya esperaba en el auto, con el motor encendido y el cabello perfectamente recogido.

—Buenos días. ¿Cómo amaneciste? —me lanzó una mirada de madre que todo lo ve desde el espejo retrovisor.

—Bien… mucho mejor que ayer —sonreí ligeramente, escondiendo lo que realmente sentía.

—Me alegra escucharlo —sus ojos no me dejaron de seguir mientras conducía, evaluando cada gesto.

Mamá hablaba sobre el tráfico o algo del trabajo, pero sus palabras se disolvían entre el ruido del motor. Yo solo veía pasar los árboles por la ventana, borrosos, como si corrieran para escapar de mis pensamientos. No podía dejar de imaginar a Stella con Asher: su risa, la forma en que él seguramente la miraba. Cada imagen inventada me apretaba el estómago un poco más.

—Llegamos —una inclinación de su cabeza delató la paciencia que solo ella sabía tener mientras yo me sumía en mis pensamientos.

El aire fresco me golpeó en la cara al cruzar el portón.

Apreté un poco las correas de mi mochila y me acerqué, intentando borrar de mi rostro cualquier señal de incomodidad.

Elina fue la primera en notarme; me regaló una sonrisa tan cálida que casi hizo desaparecer la sensación en mi pecho. Stella, en cambio, levantó la mirada un segundo después, apartando un mechón de cabello de su rostro con esa elegancia natural que la hacía destacar sin proponérselo.

—Buenos días —fingí una calma que no sentía.

Ambas respondieron al unísono, y por un instante sentí que todo seguía igual, aunque por dentro nada lo estaba.

—Stella, cuéntanos cómo estuvo la cita —traté de mantener la voz neutral.

—Fue divertida —una risa suave se escapó de sus labios—. Al principio, Asher estaba algo callado, pero después todo fluyó. Tenemos gustos parecidos, ya sabes… en cosas elegantes, exclusivas. Y esta noche me presentará a sus padres.

Elina abrió los ojos, sorprendida. Y yo solo podía mirar.

—Además —sus palabras fluyeron sin que pareciera darse cuenta—, me contó que su padre dirige el banco más importante del país.

—Vaya —Elina dejó que la sorpresa se notara en su boca entreabierta—. Sabía que era adinerado, pero no pensé que tanto.

Me forcé a sonreír, pero sentí cómo mis labios se tensaban.

—Yo tampoco… aunque, Stella —tragué saliva, intentando sonar despreocupada—, ¿no crees que es un poco pronto para que ya te presente a su familia?

—¡Por supuesto que no, Eloy! —sus ojos brillaban de emoción, radiante—. Estoy muy emocionada por conocer a sus padres.

Intenté sonreír, aunque la sensación de incomodidad me apretaba el estómago y mis manos se tensaban sobre mis piernas:

DesilusiónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora