Capítulo 22

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Un nuevo año en Hogwarts estaba a punto de comenzar y creía firmemente que sería el mejor de mis siete años en el colegio.

–No entiendo para que necesitas aprender a conducir.

–Tío, ya te lo he dicho. El profesor Dumbledore me regalará una moto en mi cumpleaños.

–¡Yo te daré dos motocicletas!

–Tío.– hice un pequeño puchero, pero su mirada se mantuvo firme contra mis súplicas.

–No necesitas aprender, siempre tendrás un hombre a tu lado que se encargue de esas cosas. Además, aquello es algo tan poco importante, puedes teletransportarte.

–¿Y el día que no sea así?.– me crucé de brazos.– Y todavía no tengo permiso para aparecerme.

–Siempre será así.– recalcó. Luego giró su rostro hacia Tom.– ¿Verdad, muchacho? Tú siempre estarás con ella.

–Hasta el último día de mi vida, señor.– sujetaba firmemente la taza de té entre sus manos.– Sin embargo, considero que aprender a manejar le daría mucha independencia, sobre todo si algún día desea que yo no esté a su lado.

Ladeé la cabeza por sus palabras. Jamás desearía que Tom se vaya de mi lado, todo lo contrario, cada día deseo tenerlo más y más cerca de mí.

El patriarca de los Malfoy bufó y se levantó de la mesa.

–Te enseñaré todo lo que sé. Manejar es una práctica muggle innecesaria para nosotros, no puedo prometer ser el mejor profesor.

Un chillido de felicidad se me escapó al tiempo que brincaba hacia mi tío y lo abrazaba con fuerza.

–¡Soy tan feliz!

(...)

Luego de tres horas al fin podía mantenerme firme sobre la vieja moto de mi tío. En algún momento durante su juventud tuvo la misma adoración que yo por las motos.

–Ahora intenta levantar el otro pie, con cuidado.

De no ser por Tom, mi cuerpo estaría lleno de rasguños. En cada caída ahí estaba él con la varita de mi tío para que un suave colchón apareciera en el suelo.

Levanté el pie que tenía apoyado en el suelo y prendí la moto, la teoría era fácil. La encendí y pise la pata de arranque hasta que escuché el motor, luego vino lo difícil: comenzar a manejar. No era distinta a una bicicleta, pero sí mucho más pesada. Mi tío festejó cuando pude dar una vuelta en el jardín de la Mansión y yo me sentí realizada con la vida.

Tom tenía una pequeña sonrisa en sus labios cuando decidí apagar la moto y bajar de ella, había sido suficiente por un día.

–¡Muchas gracias, tío!

–Eres excelente en esto. Naciste para manejar motos.– aplaudió con una sonrisa en sus labios. Luego se puso serio.– No le digas a tu madre que fui yo quien te enseñó, me va a matar.

–No le diré nada, no te preocupes.

–Ahora me temo que debo dejarlos solos.– Tom le devolvió su varita y con un movimiento de muñeca regreso la moto a su lugar.– Nada de practicar mientras no estoy.

Hice un puchero, pero se borró cuando presionó sus labios contra mi frente. Lo vimos desaparecer dentro de la mansión y Tom rodeó mi cintura con un abrazo.

CRIMINAL | Tom RiddleHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora