Capítulo 23

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No había ni llegado a mitad de semana cuando Dumbledore ya me había citado en su despacho.

—Oh, mi pequeña Ari.— me abrazó con fuerza, sacándome el aire de los pulmones.— No sabes cuánto quise ir a verte, sin embargo estando con los Malfoy no era posible. No soy bien recibido por Septimus.

—Mi tío lo habría permitido, todo por hacerme feliz.

Sin embargo era puro cuento, ni siquiera solicité verlo porque estaba más ocupada con Tom Riddle en la mansión Malfoy.

—¿Cómo estuvieron tus vacaciones?

—No pudieron ser mejor.— al menos no era mentira.— los Malfoy me han abrigado bien en sus recintos. Además, por fin he dominado la motocicleta de mi tío, al menos por un tramo.

—¡Qué maravilla! Estoy muy orgulloso de ti.— despeino mi cabello en un gesto de cariño.

—¿Usted que hizo en sus vacaciones?

Soltó un suspiro, ya podía imaginarme por dónde iba esto.

—Viaje mucho, a múltiples países. Busque una cura para ti y hasta el momento solo tengo una solución temporal a la magia negra que ha caído en ti.

Me senté en la silla que señalaba, interesada en lo que tendría por decir.

—¿Te suena el nombre de Nicolas Flamel?

—Por supuesto, el alquimista francés que creó la piedra filosofal. Tiene al rededor de 600 años de vida.

—¿Y sabes lo que es la piedra filosofal? ¿Comprendes su función?

—Por supuesto, es una sustancia legendaria, puede transmutar metales a oro. También ayuda a crear el elixir de la vida, es así como Flamel ha vivido tantos años junto a su esposa.

—¡Fantástico! Eso nos ahorra muchas explicaciones. Pues bien, mi viejo amigo Nicolas me dijo lo que ya temía, tengo que encontrar a la bruja o mago que conjuró la maldición, solo él o ella pueden revertir la maldición.

Asentí.

Tom ya había dicho eso y estaba en su búsqueda también.

—Aún así, me ofreció otra opción. Tomarás el elixir de la vida hasta que dé con el responsable.

—Pero, señor...Francia no está precisamente a la vuelta de la esquina, son viajes de ida y vuelta muy largos.

—Lo es. Por ello me traje varios frascos de la poción, cortesía de Nicolas. Tú le agradarías muchísimo.

Saco de su estante una gran caja con frascos de un líquido rojizo.

—Le agradezco tanto, a usted y al señor Flamel. Pero...si el responsable de la maldición muere, todo será en vano, moriré.

—¡No digas eso! No pasará, estoy dedicando todo mi tiempo a buscarlo.— me sujetó con fuerza de los hombros.— No puedo verte, Ariana, no de nuevo.

Pestañee, confundida.

Albus había perdido completamente la cordura. Realmente estaba viendo a su hermana muerta en mi.

Sonreí, tranquila.

—No me perderás, hermano.

—Oh, Ari.

Me abrazó con fuerza, recargándome en su pecho. Comenzó a tararear una dulce canción de cuna, la misma que me cantaba cuando era una niña.

Pronto su abrazo se debilitó, sentí sus brazos tensarse.

CRIMINAL | Tom RiddleHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora