Capítulo 24

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Tom cumplió su palabra.

Solo me llamaba cuando era hora de otra de sus reuniones con los mortífagos.

Sí, adoptó el nombre que yo cree.

Pero esta vez no me confundí, solo era porque el nombre era útil, no por algún tipo de aprecio a mi persona.

—Entonces, empiecen la búsqueda de más reclutas.

Ya no éramos el círculo pequeño de hace un año, éramos más. Walburga Black al fin había conseguido entrar a las reuniones y deje de ser la única mujer en el séquito.

Todo lo que alguna vez disfruté se me había escapado de las manos con la misma velocidad. Excepto por el obvio respeto que todos mostraban hacia mí, sin ser capaces de verme a los ojos.

Sin embargo, Abraxas seguía siendo él mismo, sin preocupaciones.

—Pueden retirarse.

Todos hicieron una reverencia. Por mi parte solo caminé hacia la salida de la sala de los menesteres.

Porque claro, Tom la había descubierto y ahora era centro de reunión.

Salíamos uno en uno para no levantar sospechas.

A veces deseaba que Tom me detuviera, que pidiera un momento para hablar conmigo. Pero eso jamás sucedía.

Caminé por el largo pasillo del séptimo piso cuando me detuve junto a la ventana. Desde ahí podía ver la figura borrosa de Caleb en el lago negro.

Mis pies dudaron entre regresar a la sala común o buscar compañía civilizada.

Antes de darme cuenta ya me estaba acercando a él. No supe ni cuando bajé las escaleras, mucho menos cuándo o cómo salí del colegio.

Tenía las mangas de la túnica remangadas y varios libros abiertos alrededor suyo, cubiertos de anotaciones desordenadas. Su cabello oscuro caía ligeramente sobre sus ojos mientras leía con una concentración tan intensa que ni siquiera notó que me acercaba.

—¿Estás intentando no reprobar Pociones o invocar un demonio?

Caleb levantó la vista sobresaltado.

Y luego sonrió apenas al verme.

—Depende de cuánto tiempo lleves observándome.

—Lo suficiente para concluir que definitivamente eres un Ravenclaw.

—Qué humillante.

Me dejé caer a su lado sobre el césped húmedo y miré los títulos de los libros.

—"Teoría Temporal Avanzada"... "Desplazamiento Cronológico"... Caleb, ¿qué demonios estás leyendo?

Él dudó un segundo.

Eso bastó para que me interesara todavía más.

—No me digas que estás investigando viajes en el tiempo.

—Hipotéticamente.

—Eso significa sí.

Caleb cerró lentamente uno de los libros.

—Solo me parece interesante la teoría mágica detrás de las giratiempos.

—Las giratiempos solo permiten retroceder unas horas.

—Los oficiales, sí.

Arqueé una ceja.

—Eso sonó peligrosamente ilegal.

—Todo conocimiento interesante suele serlo.

Solté una risa suave.

El viento movió las páginas abiertas de uno de los libros mientras Caleb observaba el lago unos segundos, pensativo.

CRIMINAL | Tom RiddleHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora