Capitulo 28

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La puerta del compartimento se abrió, revelando al muchacho de cabellos negros y ojos grises.

Sonreí.

—Caleb.

—Me dijeron que aquí encontraría a una preciosa tejona.

Reí por su tonto coqueteo.

—Te queda bien.

Fruncí el ceño.

—¿Qué cosa?

Entonces vi hacia dónde estaba mirando.

El brazalete con la sakura.

El pequeño dije rosado brillaba suavemente alrededor de mi muñeca bajo la luz del tren.

Sentí el calor subirme al rostro.

—Oh.

Los ojos de Caleb permanecieron sobre el brazalete unos segundos más antes de volver a mí.

Y aunque su expresión seguía tranquila, había algo claramente vulnerable en la manera en que preguntó.

—¿La usas desde entonces?

La pregunta fue peligrosamente suave.

—Sí.

Eso bastó para cambiar algo en la expresión de Caleb.

Algo pequeño, pero genuino.

Como si esa respuesta le hubiera importado muchísimo más de lo que esperaba. Entonces fue mi turno de notar algo.

Un destello plateado bajo la manga de la túnica de Caleb.

—Veo que tú también usas mi regalo.

Levantó la vista. Tomé suavemente su muñeca antes de pensar demasiado en ello y aparté la tela negra de su manga.

Ahí estaba. El reloj que le había regalado en Navidad, con el cuero y la esfera oscura, unos grabados plateados alrededor del borde.

El corazón se me apretó inmediatamente.

Porque Caleb lo estaba usando. No guardado. No escondido.

Usándolo.

Me observó cuidadosamente.

—Lo notaste.

—Claro que lo noté.

—Pensé que quizá lo guardarías o algo así.

Caleb soltó una pequeña risa nasal.

—Ariana, es probablemente el regalo más hermoso que alguien me ha dado jamás.

La sinceridad absoluta en su voz hizo que dejara de respirar un segundo.

—Eso fue peligrosamente encantador de tu parte.

—Lo sé. Estoy perdiendo mi reputación académica.

Nuestras manos seguían cerca una de la otra: la mía con la sakura plateada,
la suya con el reloj oscuro.

Dos regalos. Dos promesas silenciosas.

Caleb bajó lentamente la mirada hacia el brazalete otra vez.

—Me alegra que la uses.

Sostuve su mirada, pensé fugazmente en Tom tocando ese mismo brazalete con celos en los ojos.

La culpa atravesó mi pecho tan rápido que casi dolió.

Caleb lo notó inmediatamente.

—¿Qué pasa? —preguntó suavemente.

Dudé y Caleb esperó.

CRIMINAL | Tom RiddleHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora