Capitulo 25

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Estábamos entrando en diciembre. La nieve caía lentamente sobre Hogsmeade, cubriendo los tejados inclinados y las calles empedradas con una capa blanca brillante. Las luces cálidas de las tiendas iluminaban el pueblo como si fuera una postal encantada.

Caminaba junto a Caleb entre la multitud de estudiantes, sosteniendo un vaso caliente de cerveza de mantequilla entre las manos enguantadas.

—Sigues robándome mis notas de Aritmancia —dijo Caleb con tranquilidad.

Lo miré, indignada.

—Eso implica que tú sí haces las tareas a tiempo.

—Las hago.

—Qué desagradable.

Caleb soltó una risa baja.

El sonido hizo que sonriera sin darme cuenta.

Ya me había acostumbrado a eso: a la calma que sentía cerca de él. A la manera en que las conversaciones con Caleb nunca parecían agotarme. Con él no tenía que medir cada palabra ni prepararme para salir herida.

Y quizá por eso mismo daba miedo.

El viento frío sopló por la calle haciéndome estremecer.

Sin decir nada, Caleb tomó suavemente mi bufanda y acomodó mejor la tela alrededor de mi cuello.

Sus dedos rozaron mi mandíbula por un instante.

Caleb pareció darse cuenta demasiado tarde de lo cerca que estaba porque se quedó inmóvil.

Sus ojos grises descendieron hacia mis labios antes de volver a mirarme.

Y el mundo alrededor pareció apagarse un momento.

Ni la nieve. Ni las voces. Ni los estudiantes pasando cerca.

Nada.

Solo nosotros dos bajo las luces doradas de Hogsmeade.

—Te estás congelando otra vez —murmuró él finalmente.

La voz le salió más baja de lo normal.

Intenté responder algo ingenioso.

No pude.

Caleb sonrió al notar mi expresión.

—Sorprendentemente silenciosa, Potter.

—Estoy pensando.

—Eso suena peligroso.

—Estaba pensando que probablemente usas magia oscura para caerle bien a la gente.

—No la necesito.

—Qué arrogante.

—Qué observadora.

Solté una risa suave, bajando la mirada hacia la nieve.

Y entonces Caleb hizo algo inesperado.

Tomó mi mano.

Así de simple. Sin dramatismo.

Sin pedir permiso, pero dándome tiempo suficiente para apartarme si quería.

Sentí el calor de sus dedos entre los míos pese al frío.

Cuando levanté la vista, Caleb ya me estaba observando.

Con esa expresión tranquila y sincera que siempre parecía desarmarme más que cualquier intensidad peligrosa.

—¿Sabes qué descubrí? —preguntó.

—¿Qué cosa?

—Que me gustas mucho más cuando te ríes.

CRIMINAL | Tom RiddleHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora