Capítulo 9

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Me escabullí de mi torre cuando el reloj marcó las doce, los profesores seguían rondando los pasillos en busca del mago misterioso que estaba petrificando a sus alumnos, pero había aprendido a esquivarlos en sus rondas.

Miré a ambos lados del pasillo antes de precipitarme hacia la entrada del baño de niñas. Me coloqué frente al lavabo y de mi boca escaparon los mismos silbidos que Tom hacía. La entrada de la cámara de los secretos me dió la bienvenida y me lancé por el oscuro tobogán hasta impactar contra el suelo. Con una sacudida limpié mi ropa y troté al mecanismo de serpientes repitiendo los mismos silbidos. Casi sonreí cuando el gran círculo se abrió permitiéndome la entrada.

Tom estaba de pie frente a la cabeza de Salazar, pero giró cuando escuchó mis pasos golpeando contra los charcos de agua.

—¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste?

—He venido tantas veces en tu compañía que he aprendido a imitar el parsel.

Frunció el ceño y desvió la mirada. El ambiente era tenso e incómodo.

—Pensé que no volverías, no luego de haberte declarado hace cuatro días.

—Pensé lo mismo, pero aún me debes algo y quiero que lo cumplas.

—Lo haré sólo si prometes dejar tus sentimientos fuera de esto.

Me tensé de pies a cabeza y apreté la mandíbula.

—No te preocupes, sé que es inútil querer amar a alguien como tú.

—¿Exactamente qué significa eso?

Dejé su pregunta al aire y fuí a la pizarra. Los nombres se nos acababan y aún no había señal de que Frank se sintiera atemorizado. Me frustraba más que a nada porque la que vivía con miedo era yo, más al notar una extraña tregua entre los dos. Una tregua que no me convencía en absoluto.

—¿No vas a responder?

—Tom, deja los sentimientos de fuera ¿quieres? Me estás hartando.

Sus pasos resonaron en círculos y luego se detuvo, pero ni siquiera entonces me digné a verlo. Estaba tan concentrada en trazar la ruta que el basilisco debería seguir que ni siquiera noté el acercamiento de Riddle hasta que sus brazos me envolvieron por los hombros.

—Sólo quiero que lo sepas, eres valiosa para mis planes, por lo tanto también lo eres para mí. Y, si algún día decidiera tener descendencia, tú serías la elegida para tal labor.

Parpadeé lentamente dejando mi trabajo en la pizarra.

—No sabía que podías ser tan romántico.— giré en sus brazos y golpeé suavemente su nariz con la punta de mi dedo.— No soy, ni seré, una máquina de bebés. Consiguete a otra que acepte tal...honor.— con mis dedos hice comillas imaginarias y rodé los ojos.

Me senté en el frío suelo y esperé pacientemente a que Tom revisara mis anotaciones en la pizarra. No había ni una falla, habíamos conseguido el mapa de todas las tuberías y sus conexiones para que el basilisco transitara libremente.

—Bien, le ordenaré que lo haga mañana, pero no sé si esto esté funcionando.

—También comienzo a dudar, pero si es necesario que el basilisco muerda a Fleamont para que Frank se sienta en peligro, que así sea.

Alzó su ceja derecha y se encogió de hombros. Dió vueltas por la estancia intentando concentrarse en otra cosa que no fuera nuestro incómodo silencio. Decidí empezar una conversación que él había evitado.

—¿Qué planeas hacer contra Dumbledore?

—Ariana, no te revelaré esa parte del plan. Seguro que irás corriendo a contarle y todo se vendrá a bajo.

CRIMINAL | Tom RiddleHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora