Capítulo 8

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La enfermería se iba llenando poco a poco con nuevos petrificados y en las aulas se notaba el vacío. En tres semanas Tom había arrasado con cinco chicos de Gryffindor y uno de Ravenclaw.

—El desayuno ha terminado, los jefes de casa los acompañarán a sus aulas. Reitero el cuidado que los caballeros deben tener en los pasillos. Buen día.— Dippet terminó de hablar.

Me levanté de la mesa y seguí a los demás Hufflepuff's a la entrada del Gran Comedor donde nos cruzamos con Slytherin. Me desplacé al centro para no morir en la avalancha cuando su olor llegó a mis fosas nasales, su mano rozó con la mía, dejando un trozo de papel en mi palma que me apresuré a sujetar con fuerza para deslizarlo dentro de mi capa. Luego tomamos caminos distintos.

(...)

Encuentrame fuera de tu sala común a las once en punto.

Incendio.

La fina y elegante letra de Tom comenzó a consumirse en el nuevo cenicero de mi habitación. Desde hacía unos días que Tom dejaba notas en mi mano al salir del Gran Comedor, era la única manera de comunicarnos ahora que las medidas de seguridad incrementaron.

Me miré en el espejo, acomodando mi cabello hacia adelante y aplicando un poco de gloss en mis rosados labios. Sonreí a mi reflejo y tomé mi varita para abandonar la habitación, adentrándome en la oscuridad de mi sala común. Mis zapatos bajos no hicieron ruido al bajar los escalones, mucho menos cuando abrí una de las puertas redondas para escapar al exterior.

La figura de Tom ya me esperaba de brazos cruzados frente a la entrada. Me mordí el labio y caminé para plantarme frente a él. Su mano derecha voló a mi nuca para empujarme contra sus labios. Suspiré de satisfacción y me aferré a su capa para atraerlo con más fuerza. Los besos esporádicos habían comenzado ese día en mi habitación y desde entonces no habían parado.

Me gusta pensar que lo hace porque le gusto, no por obsesión.

—Buenas noches, linda.

—Hola, Tom. ¿Para qué me necesitas?

—No te necesito.— mi corazón sintió sus palabras llegar.— Pero aún así te quiero conmigo. Vayamos a la cámara.

Mi marchito corazón se sintió extasiado y lo siguió con los ojos vendados. Su mano se entrelazó con la mía mientras me llevaba a los baños del segundo piso. Nos escondimos tras una pared cuando vimos a Dippet merodear en el pasillo.

—¿No es esto emocionante?— murmuró contra mi oído.

Sonreí y meneé la cabeza. Era estúpidamente emocionante, pero para otros sería estúpidamente arriesgado con un maniático petrificando gente. Que suerte que los maniáticos somos nosotros.

Llegamos a los baños de niñas en el segundo piso y Tom arrastró las palabras necesarias para abrir la cámara, subiendome en uno de los lavabos, devorando mis labios en el proceso.

—Tom...la entrada.

—Después de usted, señorita.

Me deslicé fuera del lavabo, y de sus brazos también. Bajé la escalinata que Tom había conjurado y lo esperé en el siguiente mecanismo de la cámara. Luego de unos segundos me alcanzó para abrir la nueva cerradura y darme el paso a la enorme cabeza de Salazar Slytherin. Me precipité al pizarrón que conjuramos hace unas semanas y con una tachuela marque el siguiente nombre: Chris Hallow.

CRIMINAL | Tom RiddleHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora