Capítulo 17

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—Ajá ¿Qué es esto?

Levanté la cabeza de mi libro de adivinación. Me sonrojé al descubrir el cuaderno en manos de Tom, cuaderno que nunca pude entregarle por todos los problemas que se nos presentaron. Su nombre relucía en la placa del encuadernado.

—Lo compré para ti hace un tiempo. El día que...que...

Fruncí el ceño respirando lenta y profundamente al sentir mis manos temblar. No hizo falta decir más para que Tom entendiera la situación.

—Me gusta.

—¿En serio?

—Es elegante. Y ¿esto es oro?

—De 24 quilates. El encuadernado es...es piel de dragón.

Sus ojos resplandecieron y lo tomó con fuerza para abrir la primer página del cuaderno. Robó una pluma de mi escritorio y se adueñó de mi silla para comenzar a escribir. De su maletín sacó un par de hojas sueltas y transcribió su contenido al nuevo cuaderno.

—¿En serio te gustó?

Un suave murmuro escapó de sus labios y fue suficiente para calentar mi corazón. Gracias, había dicho. Me envolví en las sábanas de mi cama, aún sujetando el libro contra mi pecho.

Y como todo lo bueno, siempre se acaba. Mi visión se nubló y me sentí ajena a mi cuerpo, como si mi alma se hubiera separado.

—Te maldigo, Ariana Potter. Por tus venas correrá sangre marchita, no llegarás a disfrutar de tu vida, te debilitarás e inminentemente perecerás. Si tuvieras descendencia, ellos sufrirían el mismo destino que te impongo a ti.

El alma me regresó y un intenso dolor en la mejilla me mareó.

—Tuve que golpearte, no reaccionabas.

Me encorvé sobre mi estómago, un fino hilo de sangre bajaba por mis labios.

—¿Ariana?

—Dumbledore...necesito a Dumbledore.

—¿Qué carajos?— su mano tomó mi rostro.— ¿Eso es sangre?

Me alejé de su mano, tosiendo sobre la pulcra almohada que comenzaba a mancharse de carmesí. Me recogió en sus brazos, echándonos la capa de invisibilidad encima. Atravesó la sala común de Hufflepuff en un pestañeo sin que nos notaran ni un cabello. Tosí sobre su hombro cuando giró por el pasillo, nos retiró la capa y la guardó entre los bolsillos de su túnica.

—Estás dejando un rastro de sangre.

Enfoqué la vista para descubrir el camino de sangre que nos perseguía. No comprendía de donde había surgido tanta, pero resultaba lógico si mi nariz y boca expulsaban el líquido carmesí a borbotones. Con su pierna azotó la puerta de Dumbledore, en menos de un segundo la larga túnica verdosa me llenó la vista

—¿Qué significa esto?

—La encontré así fuera de las cocinas. Ella insistió en traerla ante usted, profesor.

—Ponla sobre el escritorio.

Las cosas cayeron al suelo cuando Dumbledore las aventó para hacer espacio. La superficie caló sobre mis huesos con su frialdad y mi pecho se arqueó por la sensación.

—Busca a la enfermera, Tom. Rápido, no hay tiempo.

El sonido de sus zapatos corriendo fue lo único que pude percibir antes de recibir una nueva descarga de dolor.

—Ariana ¿Qué ocurrió?

Como pude señalé mi frente y bajé las barreras que protegen los secretos de mi mente. Recapitulé la voz en mi cabeza que hablaba de una horrible maldición.

CRIMINAL | Tom RiddleHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora