Capítulo 15

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Mayo comenzó con más exámenes. Algunos compañeros pudieron participar en el curso de aparición y la mayoría podría hacer su examen durante el verano, excepto Tom y yo. Abraxas se burlaba constantemente de mi mala suerte al nacer en Enero, pero no hacía ningún comentario sobre nacer en Diciembre.

—Recuerdo claramente decir que Abraxas era idiota, y tú te molestaste.

—Que lo sea no significa que te permitiré llamarlo de tal manera.

Orión y Walburga entraron en la sala común gritoneandose como un viejo matrimonio. Y recién empezaban.

—¡Si yo busco compañía en alguien más no es de tu maldita incumbencia. Todavía no eres mi esposo!

—¡La gente me mira como un imbécil al que su prometida le pone los cuernos!

Walburga caminó junto al sillón en el que me encontraba. Su melena se movió a mi lado y un horrible olor dulzón me perforó los sentidos. Me senté con los pies en el suelo cuando recordé a Tom oliendo de la misma manera en diversas ocasiones. Manzana Canela.

Probablemente él pensó lo mismo porque apretó su agarre sobre mis hombros cuando intenté levantarme.

—No hagas un drama, cariño. Déjame explicar la situación.

—Mejor vete al infierno.

Me solté de su agarre. Black y Abraxas nos observaban, pero el primero en reaccionar a mis acuosos ojos fue el platinado. Brincó de su asiento y con una mano detuvo a Tom de volverme a sujetar.

—¿Ahora qué?

—¿Eres tan imbécil, Black? Tu prometida te ha pintado cuernos con Riddle.— gruñí, queriendo contener mis lágrimas.

Orión me miró durante unos segundos antes de procesar completamente la información. Cerró los ojos y apretó las palmas de sus manos, la vena de su frente se brotó, llevó su dedo índice y gordo al puente de su nariz.

—Puedo entenderlo y hasta aceptar que Walburga me engañara, es una zorra. Pero tú, Tom, tienes en la palma de tu mano a una descendiente de los sagrado veintiocho que está igual de demente que tú...y aún así la engañaste con alguien como mi prometida. Que bajo caíste, Riddle.

—Como te atreves...

—Él tiene razón, Tom. No paras de decirme lo mucho que aprecias la compañía de Ariana y ahora te revolcaste con Walburga.

—Es que ella...

—Sí, Riddle, sí. Es ardiente y no se ha casado, pero creí que tenías decencia.

Decidí no escuchar más y me encaminé a la salida. Tom gritaba mi nombre y me ordenaba volver, pero no lo hice, ni lo haré de nuevo. Corrí por los pasillos, las chicas intentaban detenerme, pero me solté de cada uno de sus agarres y continué corriendo a la sala común de Hufflepuff. Toqué la melodía de los tambores y pasé por la entrada tan veloz que tiré a un niño de primero. Subí de dos en dos por las escaleras y me encerré dando un portazo. Ash brincó en su lado de la cama y espero pacientemente a que me sentara junto a él.

—Los hombres son imbéciles.

Maulló como si estuviera de acuerdo conmigo. Cerré la puerta con un hechizo, como si Tom fuera a aparecerse en mi cuarto a suplicar mi perdón.

—Siempre fuí su juguete ¿no? Debí imaginarlo cuando su corazón no se aceleraba como el mío.

Una lechuza negra se mantuvo fuera de mi ventana, en su pico cargaba un trozo de pergamino. Le permití entrar y posarse sobre la cabecera de mi cama.

CRIMINAL | Tom RiddleHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora