– Ese no es mi problema –me giré a mis amigos, los tres estaban más asustados que confundidos–. Preparad la sangre –susurré, antes de volverme hacia Damián–. ¿Tú crees que hubiese elegido a un grupo de ineptos para algo tan importante? –Cerré la puerta en su cara, dándoles un margen de seguridad–.
– ¿Qué? ¿Qué haces? –Damián estaba confundido– ¡se supone que todo esto debe asustarte y hacer que caigas ante mis pies!
– Para eso no necesitabas hacer todo esto –me acerqué lentamente hacia él–. Bastaba con que nos quedáramos solos –deslicé mi mano junto a la suya– eres precioso.
– ¿Qué haces? –Seguía sin fiarse del todo, pero ya no estaría atento a mis amigos–.
– Siento lo de tus hombres –le dí la otra mano, ahora estaba completamente girado hacia mí– pero necesitaba llamar tu atención.
– ¿Por qué? –Fue entonces cuando se dio cuenta– es porque soy irresistible, ¿verdad?
– Exacto –sonreí–. Tienes muy buena fama, estaba deseando conocerte.
– ¿Ah sí? –Puso sus manos en mis mejillas– pues ya lo has hecho. Tú también eres muy guapa, ¿lo sabías?
– ¿De verdad? –Sonreí como si me acabase de hacer la mujer más feliz del mundo. Imbécil–.
– Claro que sí –se acercó aún más a mí– ¿y sabes qué hago con las chicas guapas?
– ¿Por qué no me lo enseñas? –Cuando se acercó lo suficiente para besarme, saqué una de mis dagas y la enterré en su cuello antes de que pudiera acercarse demasiado a mis labios–.
– ¡Hija de puta! –Se llevó las manos al lugar–.
– No deberías haberte acercado a mis amigos –saqué mi pistola para dispararle antes de dejarle caer sobre la hoguera–.
Cuando me aseguré de que no quedaba nadie más de su lado, corrí de vuelta a la casa, abriendo la puerta de golpe. Avisé a mis amigos, y salimos para alimentar al resto y que despertasen. Raquel y Lucas se ocupaban de Dylan, mientras que Nadia se quedó junto a Alan y a mí.
– ¿Cómo estás? –Podía aprovechar estos segundos para asegurarme de que mi amiga estuviera bien–.
– Dentro de lo malo, bien –abrió la bolsa de sangre en mis manos–. Al menos estamos vivos, y te aseguraste de que estuviéramos seguros mientras.
– ¿Entonces no quieres hablar de nada? –Acerqué la bolsa a los labios del chico–.
– Ahora mismo no, solo quiero dormir –aún así, estaba sonriendo– mañana hablamos.
– Como prefieras –en ese momento, el ojiazul se despertó, sobresaltado–.
– Alan –puse una mano sobre su hombro– no pasa nada, respira.
– ¿Judith? –Me miró confundido tras ver dónde estaba– ¿qué ha pasado?
– Es una larga historia –explicó Nadia– pero en resumidas cuentas, toca hacer las maletas.
Tras explicarles lo sucedido, y pese al cansancio de todo el grupo, subieron a hacer las maletas. Tendríamos que irnos esa misma noche, y Alan y Dylan se ofrecieron a conducir, argumentando que el tiempo inconsciente había sido como una siesta. Al menos era más seguro que tener a alguien medio dormido al volante.
Lucas y Raquel irían en el coche de la chica, habían insistido en hacer el viaje solos y nadie iba a intervenir. Nadia se había dormido sobre mi hombro en el momento en el que se montó en el coche, después que me pusiera en el asiento del medio para que pudiera dormir más cómoda. También pude ver a Dylan dormirse sobre el asiento de delante algo después.
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Sunset Academy
Fiksi IlmiahJudith había llegado a la academia con la esperanza de encontrar pistas sobre la desaparición de su hermano. Mientras estudiaría la carrera de sus sueños, a lo mejor haría un par de amigas. Lo que no esperaba, fue conocer a seres tan especiales como...
