Tras comprar unas flores, me dirigí a donde sabía que descansaba mi familia. Nada había cambiado allí, pero seguía sin acostumbrarme a la idea de dejar flores a mis padres y a mis hermanas pequeñas, en lugar de despedir a mis padres junto a ellas.
No es justo que yo pueda estar aquí y ellas no, merecían poder vivir su vida en un mundo tan libre como el actual. Aunque al menos agradezco que no pasaran por los años de dictaduras y guerras, hubiesen vivido peor aún de lo que ya lo hacían.
– Hola –carraspeé, aquello era raro–. Sé que no he venido en mucho tiempo, y no solo por la vida tan ajetreada que he llevado. No podía hacerme a la idea de volver aquí, no quería enfrentarme a los recuerdos. Tampoco quería ver nuestra casa reconstruida, y menos con desconocidos viviendo en esta, por muy amables que hayan sido conmigo. Últimamente me estoy rodeando de personas que me hacen bien, no me sentía así desde que estaba junto a vosotros. Sin embargo, me he estado culpabilizando de muchas cosas, o de que no debería poder vivir mi vida si no podéis hacerlo junto a mí. Pero gracias a estas personas, sé que no querríais eso de mí, siempre habéis intentado hacerme feliz. Así que esto también es una despedida, a todo lo que me ata a esta ciudad, a sentir que debo pasar cada día de mi vida lamentándome en este cementerio. Espero que podáis estar orgullosos de mí.
Terminé de colocar las flores de la mejor manera posible, antes de recordarme a mí mismo que aquello era lo correcto. Cuando calmé mis lágrimas, salí del cementerio, donde esperaba Dylan, probablemente mi mayor apoyo en esta etapa.
– ¿Cómo ha ido? Se te ve más relajado.
– Porque lo estoy. Siento que por fin me voy a permitir hacer todo lo que quiero, como si me estuvieran apoyando.
– Estoy seguro de que lo hacen –me envolvió en un pequeño abrazo–. Estoy orgulloso de tu decisión, parece que estás madurando y todo.
– Vete a la mierda –me sentía cómodo volviendo a bromear con él, sabía que no habría consecuencias con Dylan. Pero no había terminado–. ¿Te apetece un café? Quiero hablar contigo.
– Claro –comenzó a cambiar la dirección de sus pasos–, vamos donde siempre.
No podía creer que nuestra cafetería favorita siguiera en pie hoy en día. Al llegar, nos sentamos en la mesa que solíamos frecuentar, y yo no podía esperar a que llegara nuestro pedido. ¿Cómo le voy a contar esto a Dylan?
– ¿Estás bien? Se te ve nervioso, no puede ser peor que todo lo que has hecho a estas alturas.
– No, si malo no es –creo–. Es solo que necesito hablar de esto para poder empezar la nueva etapa de una vez por todas, y estoy asustado.
– Es normal teniendo en cuenta que estás despidiendo a la persona que llevas siendo toda tu vida –llegaron los cafés–. Ahora tienes que concentrarte en descubrir las cosas que te gustan y las que no, y darte cuenta de que no le debes nada a personas de tu pasado, como Carla.
– ¿Cómo lo sabías? –No sé si ha calmado mis nervios o los ha aumentado–.
– Acabas de despedirte de tu familia, y sin contarnos a los de la academia y a mí, era la única opción que quedaba. Eso y que te conozco –comenzó a beber de su taza–. Pero no quiero arruinar tu gran momento, cuéntame.
– Es solo que Carla no me ha dado ni una sola señal de vida, y si quería hacerlo, o responder a todas las veces que la he buscado, lo habría hecho. Aunque tampoco quiero dejar de buscarla, y de todas formas vamos a hacerlo por el hermano de Judith.
– ¿Entonces quieres encontrarla y ponerle fin a esa parte de tu vida amorosa? Porque sí estábais enamorados, sobre todo tú, pero ya no os veo juntos. Aunque puede que eso solo sea mi opinión.
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Sunset Academy
Science FictionJudith había llegado a la academia con la esperanza de encontrar pistas sobre la desaparición de su hermano. Mientras estudiaría la carrera de sus sueños, a lo mejor haría un par de amigas. Lo que no esperaba, fue conocer a seres tan especiales como...
