capítulo 4.

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Me levanté y corrí hasta donde estaba Bill. Al llegar a su lado, me miró con una ceja alzada y sonrió. Le devolví la sonrisa. Caminamos hacia su casa. Pasamos por la mía y la miré,  el auto de mamá ya no estaba, seguramente ya había salido.

— ¿ Cómo dijiste que se llamaba tu madre ? — preguntó.

Justo en ese momento pensaba en mi madre, quizás leyó mis pensamientos,  aunque sería absurdo.

— Se llama Simone , ¿ y tu padre cómo se llama?

— Lindo nombre, mi padre se llama Gordon

—  Interesante, ¿ por qué la pregunta ?

— No sé, es que empecé a pensar en cómo sería tu madre cuando vi que su auto no estaba , me gustaría conocerla — Bastante extraño, justo cuando yo no vi su auto comencé a pensar en ella ¿ habrá sido confidencia o tenemos un tipo de conexión ? No tengo idea.

— Bueno, le conté a mi madre sobre ti, y dijo que también quería conocerte

— ¿ Le contaste sobre mi ?

— Sí, a propósito, también me gustaría conocer a tu padre

— Yo también le conté sobre ti a mi padre y dije que también quería conocerte

— Vaya , tendríamos que hacer algo

— ¿ Qué tal si organizamos una cena para los cuatro ? , así yo conozco a tu madre, tu conoces a mi padre y ambos padres se conocen —

— ¡ Buena idea me gusta ! ¿ Cuándo hacemos la cena? —

— ¿ Qué tal el sábado por la noche ? Faltan dos días, ¿ te parece ? —

— Sí, perfecto, ¿ en cuál de las dos casas lo hacemos? —

— Buena pregunta — dijo Bill — Si tu madre es mujer , debería ser en mi casa, por que el hombre es el que debería de invitar , ¿ no ? —

— Tienes razón, ¿ en tu casa ? —

— Sí, mi papá acepta todo, así que nos va a dejar, pero, ¿ sabes cocinar ? —

— No mucho —

— Bueno no importa, te puedo enseñar — dijo Bill.

— Me parece bien —

Seguimos hablando sobre el plan de la cena  hasta que llegamos a casa de Bill.

Su casa era grande y muy linda.

Puso las manos en su bolsillo y sacó la llave para abrir la puerta.

Entramos. Su casa si era muy grande, y bastante linda.

Las paredes eran de color plomo, en la sala, había un decorado de piedras en la pared que contrastaba con los enormes sillones de tela blanca.

El piso era de madera Caoba y las escaleras también. Y se olía un dulce olor a flores en el aire.

— ¡ Qué hermosa es tu casa ! — grité. Bill comenzó a reírse.

— Gracias —

Me dio un recorrido por toda la casa, enseñándome todas las cosas y habitaciones.

La cocina me encanto, eran como esas enormes y lujosas que se veían en las revistas de Hogar y Espacio.

Si cocinaríamos allí el sábado, sería lo mejor. De último, me enseñó su cuarto, era como de un típico adolescente, con posters en las paredes, pero con una enorme cama de sábanas blancas como las de los hoteles lujosos.

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