***
Naruto:
-Abuelo... ¿N-no contaras mis fich...
Deidara intento hablar
El abuelo interrumpió a Deidara con un golpe seco en el rostro. Lo tomó del cabello y lo tiró al suelo como si fuera un objeto.
-Si no cumples nuestro acuerdo, justo ahora puedo ir a esa alcoba -señaló la nuestra- y divertirme con esa pequeña rubia.
Deidara apretó los puños contra sus costados, temblaba. Sus labios buscaron palabras, pero lo único que salió fue un murmullo derrotado.
-B-buenas... noches...
Se levantó despacio, con la dignidad hecha pedazos, recogió mi mochila y se alejó hacia la alcoba. Vi cómo sus manos temblaban hasta desaparecer por el pasillo.
No tuve tiempo de procesarlo. El puñetazo del abuelo me estalló en la cara, haciéndome caer de rodillas.
-¿¡Acaso olvidaste tus obligaciones!?
Otro golpe, esta vez en la mandíbula. El dolor ardía, pero lo que más pesaba era su voz, seca, cargada de autoridad.
-¡Contesta!
-P-perdón... -balbuceé.
-¡Levántate!
Obedecí, tembloroso. Caminó hasta la mesa, tomó un grueso pedazo de cable y lo sostuvo frente a mí. Yo ya sabía lo que seguía. Bajé la mirada, y mis lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera detenerlas.
-Ya sabes que hacer
Mis manos temblaron, pero obedeci, me quité el suéter con torpeza, después la camisa. Quedé expuesto frente a él, vulnerable. Avanzó un paso, y mi cuerpo retrocedió instintivamente.
-P-por favor...
El primer golpe con el cable me desgarró la espalda. Grité, cayendo de rodillas. El ardor me consumía, como si me arrancara la piel a tiras, en momento como estos prefiero su correa
-¡Desnúdate!
Me apresuré a obedecer. Me quité los pantalones, la ropa interior. Ya no había nada que ocultar. Su mirada recorrió mi cuerpo de arriba abajo con un brillo enfermizo. El siguiente puñetazo en el estómago me tiró al suelo, y después vinieron más golpes con el cable.
No se como Deidara aguanta esto sin llorar
Me encogí en posición fetal, llorando en silencio. Cada azote era un fuego que quemaba hueso y carne. Quise suplicarle, pero ¿para qué? Su crueldad no tenía fondo. Yo lo sabía. Había visto cómo golpeaba a Deidara incluso inconsciente.
Cuando finalmente se cansó, quedé derrumbado en el suelo, la respiración entrecortada.
-Levántate.
No podía, pero lo hice. A duras penas, tambaleándome, con el cuerpo encorvado. Su mano me sujetó del cabello y me arrastró hasta su habitación.
Me deprimia entrar ahi, esa habitación siempre me resultaba insoportable muebles de lujo, cama king size, ropa de marca, relojes caros... Todo lo tenía gracias a nosotros, a nuestro cuerpo vendido. Lo mejor para él, las sobras para nosotros.
Me lanzó a la cama.
-En cuatro.
Tragué saliva y obedecí, con las rodillas temblando sobre el colchón demasiado suave. Me empujó la cabeza hasta hundir mi rostro en las sábanas perfumadas. El contraste era grotesco: un escenario de lujo para un acto de miseria.
Su mano recorrió mi cuerpo. Piernas, cintura, glúteos. Escupió sobre sus dedos y me preparó con brusquedad. Cada movimiento dolía, cada invasión de sus dedos era una humillación. No era placer, era dominio.
Luego me penetró sin compasión. Me mordí los labios hasta sangrar para no gemir, para no darle el gusto. Quince minutos eternos hasta que se sació y terminó dentro de mí.
Creí que había acabado, pero no. Sujetó mi nuca y empujó un vibrador en mi interior. El objeto zumbaba cruelmente, vibrando contra mi carne ya dolorida.
-Sé un buen chico. Quédate así.
Encendió un cigarro, contemplándome como si yo no fuera más que un juguete roto. Yo quería arrancarme ese aparato de adentro, pero sabía que no debía. El miedo al castigo era más fuerte.
-Mañana tú y Deidara subirán a la segunda planta. -Exhaló el humo con calma, como quien dicta sentencia.
-N-no... abuelo... -supliqué, llorando-. No volveré a llegar tarde...
-Me estás haciendo perder dinero.
-¡Deidara no tiene la culpa! -grité entre sollozos-. Por favor... haré lo que me pidas, pero no lo castigues a él.
Me miró con frialdad, como si evaluara cuánto podía romperme aún.
-Una sola vez más... llegas tarde, y los dos volverán arriba. ¿Entendiste?
-Sí... abuelo...
Me tomó de los brazos, me arrastró por el pasillo y me arrojó en la alcoba, cerrando la puerta de un portazo.
***
Deidara:
Apreté los puños con tanta fuerza que las uñas se me clavaron en las palmas. Estaba sentado en el suelo, abrazando mis rodillas. Cada golpe que escuchaba del pasillo era un recordatorio de mi impotencia. Quería correr, sacarlo de encima de Naru, pero romper el trato significaría condenar a Ino. Y eso... jamás.
El llanto de mi hermano me partía en dos. Mi corazón se llenaba de odio y culpa.
-Dei...
Levanté la mirada. Ino estaba en la cama, con el cabello revuelto y los ojos húmedos.
-Le está pegando -susurró entre lágrimas.
Me acerqué, besé su frente y me recosté a su lado, abrazándola.
-Tranquila, florecita. Intenta dormir.
Pero los gritos aumentaban. Ino sollozaba, se aferraba a mi camisa. Me levanté, tomé sus audífonos rosas con orejitas de gato y se los puse. Ella apoyó la cabeza en mi pecho y, poco a poco, se quedó dormida.
Volví al suelo. La espera fue eterna. Casi dos horas después, la puerta se abrió de golpe y Jiraiya arrojó a Naru dentro como si fuera basura.
Corrí hacia él. Estaba desnudo, cubierto de moretones, temblando. Me arrodillé a su lado.
-Naru...
-Dei...
Con una mueca de dolor, sacó de su interior el vibrador y lo lanzó con rabia al otro lado de la habitación. Luego se llevó las manos al cabello, llorando desconsolado. Lo abracé, dejándolo aferrarse a mi camisa hasta que su llanto fue menguando.
Lo ayudé a levantarse, lo recosté en la cama.
-Debo... debo dejarlo en la mesa... -murmuró mirando el vibrador en el suelo
-Tranquilo, yo lo hago -le susurré.
Se aferró a mí, con los ojos aún vidriosos.
-Dei... abrázame.
Me metí en las sábanas, lo rodeé con mis brazos.
-Duerme. Cuando despiertes me llevarás a conocer a Neji.
-Dei... él no...
-No es pregunta -lo interrumpí, acariciando su cabello.
Lo apreté contra mi pecho, con la promesa muda de que esta historia aún no terminaba.
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Intocable (Terminada)
FanfictionLo primero que vi fue su gran sonrisa, esa que solo acentuaba mas las arrugas en la comisura de sus ojos, pero lo que mas me impacto es que en cuanto me vio se lanzo a abrazarme Jiraya- oh! Dios... Eres igualito a tu padre (miro a naruto) tu tambien...
