Tarde

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***

Naruto:

—Neji, ya… —mi voz apenas salía, cansada, apagada.

—Vamos, dulzura, solo una más. —Su sonrisa era fina, casi cruel; sonaba como si me diera un premio cuando en realidad me encadenaba.

—Prometiste que me dejarías dormir…

—Mi amor, en cuanto llegues al bar seguro despiertas con la música. Además, estarás demasiado ocupado desnudándote como para dormirte.

Yo sabía que no había forma de ganarle. Cuando Neji quería algo, era como una muralla contra la que me estrellaba una y otra vez.
—Bien… solo una más y nos vamos, o llegaré tarde.

Su expresión de satisfacción me revolvió el estómago. Se tumbó de espaldas y me jaló de la cintura hasta montarlo. Presionó su erección contra mí, sus ojos clavados como cuchillas.

—Hazlo tú.

Tragué saliva. Elevé mis caderas lo suficiente para hundirme en él. El gemido escapó de mi garganta antes de poder detenerlo. Sexta vez en el día. Sexta vez que me vaciaba en cuerpo y alma. Me moví lento, inclinándome hacia atrás, como le gusta.

—Ah… Naruto… lo haces tan bien… —susurró, y ese “bien” sonaba menos a halago que a dominio.

Hoy había estado insaciable. No me dejó levantarme de la cama en todo el día. Cuando finalmente terminó, busqué la hora con la mirada.
8:00 p.m.

—Amor, ya debo irme o llegaré tarde.

—Bien… dúchate.

Obedecí casi corriendo. El agua fría me devolvió un respiro de cordura, pero no alcanzó para limpiar la fatiga que me pesaba en los huesos. 8:30. Tenía apenas media hora.

—Neji… ya es tarde.

—¡Oh! Mi amor, lo olvidé… no podré llevarte.

Lo miré incrédulo.
—Dijiste que me llevarías… no llegaré a tiempo si tomo el bus.

—Lo siento tanto, cariño… —su tono cambió, fingidamente dulce mientras acariciaba mi mejilla—. Tengo un proyecto muy importante que entregar mañana y… bueno, no tiene caso que te lo explique, no lo entenderías.

El golpe no fue físico, pero dolió igual.
—Debiste decírmelo antes…

—¡Solo quería pasar tiempo contigo! ¡Hasta falté a la universidad por ti!

Mi corazón se encogió. La culpa me devoró de inmediato.
—Lo siento… tienes razón, supongo que es muy importante tu proyecto.

—¡Lo es! Más que llegar a tiempo a un burdel para humillarte.

La palabra me atravesó como un cuchillo. Burdel. ¿Eso era lo que era para él? ¿Un cuerpo al que exhibir, al que usar? Sentí las lágrimas subir sin poder detenerlas.

—Lo siento, mi amor… —otra vez el cambio, la máscara de ternura. Me abrazó, me acarició el cabello, besó mi mano—. Ven aquí…

Intocable (Terminada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora