Deidara
Tan pronto nos quedamos solos, Itachi se encerró en su alcoba, a pesar de que insistí en ayudarle con el desastre en su cuarto. Él se negó. Fui a mi alcoba y, como cada noche, me dediqué a escuchar música intentando que el tiempo pasara rápido, pues como siempre, el aburrimiento me estaba matando.
A pesar de la hora, no tenía sueño, así que resignado encendí un cigarrillo y fui directo al balcón. Miraba a la nada mientras mi mente divagaba, pensando en todo y a la vez en nada.
Y aún después de apagar mi cigarrillo me quedé ahí, disfrutando de la fresca brisa que alborotaba mi cabello.
El impacto de algo rompiéndose me hizo girar el rostro hacia mi izquierda, y alcancé a ver una maceta rota y una sombra que rápidamente se ocultaba en el interior.
—¿Aun despierto? —preguntó.
—¡Mierda! —respondió Itachi.
Sin más opción al verse descubierto, salió a su balcón y me miró.
—Yo… estaba a punto de dormir —dijo.
—¿Con ese desastre? No me molestaría compartir mi cama esta noche… —sonreí y él negó con la cabeza.
—Buenas noches —dijo, entró y cerró la puerta de su balcón.
Itachi me causa cierta curiosidad; ver cómo huye de mí me divierte y solo me incita a provocarlo aun más.
El siguiente día, Itachi se comportó muy esquivo. No bajó a desayunar ni a la merienda tampoco. Solo bajó un momento cuando llegó su hermano y Naruto, pero prácticamente solo los saludó y volvió a encerrarse en su habitación. Al menos ya no peleamos…
—¿Qué le hiciste a mi hermano? —preguntó Sasuke.
—Uff… no creo que quieras saber —respondí.
Sasuke sonrió avergonzado.
—Tienes razón, mejor no me lo digas… —dijo.
—Al menos ya no pelean… —comentó Naruto.
—Sí, al menos… ya saben qué hacer cuando discutan —dije.
Naruto lo miró sonriendo; Sasuke solo cubrió su rostro aún más sonrojado.
—Hey, Sasuke… ¿No te parece una buena solución? —preguntó Naruto.
—¡Por supuesto! Ese día poco le importó que su hermano lo viera correrse… siempre supe que Sasuke era todo un chico sucio —dije.
—No te imaginas… —respondió Naruto.
Ambos comenzamos a reír, y Sasuke, aun sin apartar las manos de su rostro, habló:
—Ustedes… no cambian… —susurró.
Nuevamente se marcharon. Itachi ni siquiera se molestó en despedirse. Me quedé unos minutos más sentado solo en el comedor, sin nada más que hacer, y subí a mi habitación. Como cada noche, coloqué mis audiculares y me arrojé sobre la cama.
Mi lista de reproducción ya había dado la vuelta tres veces y yo seguía sin poder dormir. Fastidiado, tomé la cajetilla de cigarros y salí a mi balcón. Encendí el primero y me recargué sobre él, pero la extraña sensación de ser observado me hizo voltear, solo para encontrarme con esos ojos negros sobre mí.
—Parece que no soy el único con insomnio —dije.
Giró su cuerpo con la intención de entrar, pero esta vez no se lo permitiría.
—¿Hasta cuándo piensas huir de mí? —pregunté.
—¿Qué? Yo no huyo… —dijo Itachi.
—Lo has hecho todo el día —repliqué.
—He estado… ocupado —dijo.
—Sí… ocultándote —susurré.
—¡No me oculto! —respondió.
Sonreí.
—¿Aun dudas si eres gay? —le pregunté.
—Pff… no lo soy —dijo.
Fumé de mi cigarrillo y lo miré.
—Nadie nos escucha… si intentas engañarme a mí… no lo estás logrando —susurré.
Suspiró y miró al frente con la mirada perdida.
—Deidara… ¿cómo… supiste que eras gay? —preguntó.
El cigarrillo que iba rumbo a mis labios se congeló a medio camino y mi mano comenzó a temblar. Fue mi turno de mirar a la nada. Un nudo se formó en mi garganta y tuve que tomarme unos cuantos minutos para contestar.
—No pude descubrirlo, supongo… que no tuve opción —susurré.
Me miró confundido. Volteé y le sonreí.
—Pero… supongo que el hecho de correrte como lo hiciste, te hace gay… muy gay… —dije.
Sonrió y bajó la mirada.
—¿Aun… me temes? —pregunté.
Levantó el rostro y me miró por largos minutos, pero aun sin darme una respuesta, entró a su alcoba, cerró la puerta y apagó la luz.
Suspiré… me recargué en el barandal y continué fumando mi cigarrillo.
Mi mente divagando y mi mirada perdida en la oscura noche me hicieron sobresaltarme cuando unas manos se agarraron del balcón a cada uno de mis lados, aprisionándome.
Podía escuchar su lenta respiración. Mi piel se erizó cuando su aliento se acercó a mi oído izquierdo.
—Sí, Deidara… aun te temo —susurró Itachi.
No sé por qué, pero en ese momento fui yo quien se sintió intimidado al escuchar su ronca voz tan cerca.
Mi voz parecía atascarse en mi pecho al tenerlo tan cerca. Con esfuerzo logré susurrar:
—¿Por qué…? —pregunté.
—Jamás he sido el tipo de hombre que busca un revolcón solo para pasar el rato, Deidara… —dijo.
Gire mi cuerpo lentamente hasta mirarlo.
—Eso… ¿qué significa? —susurré.
Acomodó lentamente mi flequillo tras mi oreja y suspiró.
—No me acosté contigo solo porque estuviera caliente, sabes… Deidara… me estás haciendo sentir cosas —dijo.
Me carcajeé.
—¡Dios! No necesitas mentir, Itachi —respondí.
Sonrió.
—Tenías razón… nunca en mi vida había tenido un revolcón como el que tú me diste —dijo.
Sonreí.
—¿Quieres repetir? —pregunté.
Negó con la cabeza mientras sonreía.
—Quiero mostrarte algo que no sabes… —susurró.
—Por favor… no hay nada que no sepa —dije.
Enterró una de sus manos en mi cabello y con la otra abrazó mi cintura. Me acerqué a él y comenzó a besarme muy, muy lentamente… Sus movimientos eran suaves e íntimos; acariciaba mis labios con los suyos en un ritmo tan lento que casi me parecía tortuoso.
Jamás en mi vida había recibido un beso así. En el bar no suelo besar a los clientes, pero aquellos que logran robar mis labios lo hacen de forma brusca y descuidada, intentando meterme la lengua tanto como pueden. ¡Y cómo no! Solo quieren aprovechar sus billetes al máximo.
Pero la forma en que Itachi lo hizo logró hacerme estremecer. Tan pronto nos separamos lo miré aterrado. Tenía ganas de llorar, pero como siempre, supe disimularlo muy bien.
Bajé la mirada, no me atreví a mirarlo; sentía que podría romperme. Aun así, encontré la fuerza suficiente para susurrar:
—Gracias… —dije.
—¿Por qué? —preguntó.
—Mi primer beso… —susurré.
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Intocable (Terminada)
FanfictionLo primero que vi fue su gran sonrisa, esa que solo acentuaba mas las arrugas en la comisura de sus ojos, pero lo que mas me impacto es que en cuanto me vio se lanzo a abrazarme Jiraya- oh! Dios... Eres igualito a tu padre (miro a naruto) tu tambien...
