Si quiero

190 24 3
                                        

Naruto


No sé si fueron sus cinco cervezas, pero pareció por fin perder algo de timidez, y yo no podía desaprovechar esa oportunidad...

Me llevó a casa. Bajé del auto solo después de robarle otro beso, casi tan apasionado como el primero. Me despedí con una sonrisa y, al fin, crucé la puerta.

El abuelo se sorprendió al verme, aunque no dijo nada. Estaba molesto, podía notarlo en su mirada dura y el silencio contenido. Aun así, por la hora no tuvo más opción que mandarme rumbo al bar.

Después de enterarme de lo que hizo Deidara, me sentí terrible. Debió sentirse tan solo… cargar con toda esa presión, todo ese miedo. No debió ser fácil. Pero ya no tiene que preocuparse: ahora estoy aquí, y afrontaremos esto juntos, como siempre.

Convencí a Bee de que no volviera a mandarlo a la segunda planta. Le prometí ayudar a pagar los daños.
La semana siguiente, Deidara estuvo más cariñoso que nunca. Supongo que me extrañó. Fue un alivio tenerlo cerca; por más fuerte que parezca, nadie lo conoce como yo. A veces es tan frágil… se rompe con facilidad, pero me tiene a mí para reconstruirlo, las veces que sean necesarias. Así como yo lo tengo a él.

Sasuke viene a verme todas las tardes sin falta. Salimos a comer, a conducir sin rumbo, a simplemente estar. Me siento un poco culpable, porque él no bebe… y, desde que me acompaña, ha comenzado a hacerlo. Tal vez lo hace por mí. Intento no beber cuando estamos juntos; no quiero convertirlo en un reflejo de mis propios vicios.

Después de un mes, nuestra relación… no es formal, pero casi podría decirse que sí.
Nos besamos cada que podemos. Incluso nos lleva al bar, a Deidara y a mí, todos los días. Mi hermano lo aprecia, y cómo no hacerlo, después de todo lo que ha hecho por nosotros.

No me atrevo a pedirle nada más, sería hipócrita de mi parte… sabiendo lo que ocurre cuando el reloj marca las nueve.

Esa tarde, como siempre, me llamó cuando llegó por mí. Deidara solo necesitó ver mi sonrisa para saber que no me vería hasta la noche, pero no le molesta. Al contrario, parece feliz por mí.

Tomé mi chaqueta, mis gafas y el celular. Crucé el zaguán, y ahí estaba él: recargado en el auto, tan guapo como siempre.

Sonrió al verme.

—¿Qué tal la universidad? —pregunté.

—Como siempre, supongo.

Me acerqué y lo besé. Creo que estoy empezando a volverme adicto a esos labios.

—¿A dónde quieres ir hoy? —preguntó.

—No sé, Sasuke. Escoge tú.

—Bien, sube.

Me llevó al centro comercial. No sabía para qué, pero no dije nada. Caminamos entre los locales hasta que se detuvo frente a un restaurante.

—¿Te gusta la comida occidental? —preguntó.

—¿A ti no?

—Supongo que sí... —respondí, encogiéndome de hombros.

Entramos. Pidió unos onigiris, y yo estaba a punto de pedir lo mismo, hasta que un aroma me atrapó por completo.

—¿Qué es eso?

—Ramen. ¿Te gusta?

—¡Sí! ¡Quiero uno de esos!

El primer bocado me llevó años atrás, a cuando papá aún estaba con nosotros. El sabor, el calor… todo era igual. Casi quise llorar.

—Estuvo delicioso... Gracias, Sasuke.

Intocable (Terminada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora