En deuda

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Naruto

Deidara se aferró a mi camisa, su llanto era desgarrador y desesperado, como hacía mucho no lo escuchaba. Lo rodeé con mis brazos y recargué mi cabeza sobre la suya.

Los minutos pasaban y no se calmaba. Pronto yo también comencé a llorar; me destroza ver a mi hermano así.

Casi media hora después, al fin se tranquilizó un poco.

—Dei… ¿qué pasó? —pregunté.

—Me lastimó, Naru… —susurró.

Me separé ligeramente de él y miré su rostro; besé su pómulo hinchado y limpié sus lágrimas.

—¿Te pegó? —dije, con el ceño fruncido.

—¡Es un maldito cobarde! Me tuvo drogado todo el tiempo —respondió, abrazándome con fuerza.

Acaricié su cabello, intentando reconfortarlo.

—No me dejaba ir al baño ni beber agua… —continuó.

—Tampoco has comido… —susurré, con tristeza.

—No… —replicó, mientras nuevas lágrimas rodaban por sus mejillas—. Fui su maldito juguete, Naru… de él y de sus amigos… Me hiciste mucha falta.

Se abrazó a mi cuello y besó mi mejilla.

—¡Oh! Y tú a mí, Dei… Estaba aterrorizado cuando no te encontré.

—Maldito Bee… —musitó, medio sonriente.

—Jiraya lo autorizó —le respondí.

—Lo imaginé… no importa. Era parte del trato, ¿no? —asintió con tristeza.

—Golpeé a Gaara —dije, sonriendo ligeramente.

—¿Por qué? —preguntó.

—Bee y Jiraya querían hacerme creer que tú quisiste ir con él… Tuve que hacer que Gaara hablara.

—¡Oh, Naru…! No quise preocuparte —susurró.

—No fue tu culpa, Dei… No iba a descansar hasta encontrarte. Itachi se encargó de todo. No quise involucrarlos, pero tenía mucho miedo de lo que Hidan te haría. Los días pasaban y, si no fuera por Itachi…

—¿Cuántos… días fueron? —preguntó, con la voz temblorosa.

—Hoy es el sexto día —le dije.

—Oh… —susurró, y nuevamente lo abracé cuando sus lágrimas cayeron.

—Ahora que estás conmigo, todo estará bien. No volveré a separarme de ti, Dei… Lo solucionaremos juntos… como siempre.

Me miró y besó mi nariz.

—Te amo, Naru… —susurró.

—Y yo a ti, Dei —respondí. Lo recosté sobre mi pecho y acaricié su cabello, intentando transmitirle calma.





Itachi

Les dimos su tiempo para hablar. Después de casi una hora, fui a la cocina por algo de comida para Deidara. Sasuke me acompañó. Antes de tocar la puerta escuchamos risas; supe que ya estaban más calmados.

Tocamos lentamente. Naruto estaba sentado, y sobre su regazo descansaba la cabeza de Deidara. A pesar de sus ojos rojos, se veía más tranquilo.

—Le traje… algo para comer —dije.

Deidara se sentó en la cama, y una sonrisa iluminó su rostro.

—¡Oh! Pero mira eso, Naru… un chico sexy me trae el almuerzo a la cama —dijo, coquetamente.

Intocable (Terminada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora