Prioridad

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Itachi

No estaba equivocado: Deidara estaba en un hotel. Kisame me indicó la habitación y luego se marchó.

Toqué la puerta; se abrió casi de inmediato. Hidan tenía una enorme sonrisa en el rostro, pero en cuanto me vio, se borró por completo.

—¿Perdido? —dijo Hidan, desafiante.

—¿Dónde está Deidara? —pregunté, frío.

—Salió… le diré que te llame —respondió, intentando cerrar la puerta.

No lo permití. Lo empujé y entré.

Comencé a caminar por toda la habitación buscándolo, pero no lo encontré por ningún lado.

—Te lo dije: ¡no está! Me parece muy descortés que entres así —se quejó Hidan.

—¿Dónde está? —insistí.

—Salió.

Estaba a punto de irme, pero algo llamó mi atención: la puerta del baño. Hidan desvió la mirada de inmediato, así que caminé hasta ella y la abrí.

Ahí estaba: recostado en el suelo en posición fetal, abrazándose a sí mismo. Su cabello cubría su rostro, y solo tenía una bata mal atada cubriendo su cuerpo.

Hidan trinchó la lengua, fastidiado. Me acerqué y me acuclillé frente a él, tocando su hombro. De inmediato, se abrazó con más fuerza y clavó sus uñas en sus brazos.

—Deidara… —susurré.

No respondió. Volteé a mirar a Hidan.

—¿Qué tiene? —pregunté, firme.

—Solo está borracho —dijo Hidan.

Aparté el cabello de su rostro y, para mi sorpresa, tenía los ojos abiertos. Frunció el ceño y se removió incómodo.

—Deidara… —lo llamé de nuevo.

Sus ojos estaban desenfocados; no olía a alcohol, pero presentaba moretones en el pómulo izquierdo, brazos y piernas.

—¿Qué le diste? —pregunté, mirando a Hidan.

—¡Nada! Ya sabes cómo son estas putas. Él mismo se metió cocaína hasta quedar así… en un par de horas reaccionará. Ya puedes irte —respondió, con desdén.

—Me lo llevaré —dije, firme.

Tomé a Deidara en brazos; su cuerpo estaba frío y la bata húmeda.

—¡Hey! ¡Déjalo ahí! ¡Pagué por él! Aún no termina su trabajo —gritó Hidan.

Lo ignoré y salí del baño, atravesando la habitación.

—¡Hey, Itachi! Si te lo llevas, iré al bar a pedir un buen reembolso —amenazó Hidan.

Abrí la puerta, pero antes de salir lo miré una vez más.

—Yo mismo te daré ese reembolso. Mándame un mensaje con la cantidad —dije, sin más.

Salí del cuarto, caminando por los pasillos rumbo a la salida. Deidara se removió en mis brazos; lo miré. Parpadeó varias veces intentando enfocarse. Sus ojos azules se encontraron con los míos. No apartábamos la mirada. Frunció el ceño.

—¿Sas…uke? —susurró, débil.

Sonreí levemente.

—Casi… —respondí.

Miré al frente.

—Descansa… Te llevaré con tu hermano —le aseguré.

Volví a mirarlo, pero sus ojos volvieron a estar desenfocados, vacíos y lejanos. Su respiración era entrecortada; su cuerpo, tembloroso y débil. Los golpes en su cuerpo eran evidentes. Un extraño cosquilleo recorrió mi espalda…

Lo llevé a mi auto y lo subí al lugar del copiloto, reclinando un poco el asiento. Colocó sus pies sobre el asiento y se acurrucó, abrazándose a sí mismo. Lo miré unos segundos, le coloqué el cinturón de seguridad y tomé una chaqueta de la parte de atrás para cubrir su cuerpo. Cerré la puerta y rodeé el auto para subir.

Lo llevé a mi casa, lo dejé en una habitación y llamé a un médico. Tan pronto colgué, llamé a Naruto.

—¿Itachi? ¿Ya sabes algo de mi hermano? —preguntó, temblando de emoción.

—Así es, está conmigo —respondí.

—¡Dios! ¡¿En serio?! Pásamelo, por favor —rogó.

—Escucha… le diré a Sasuke que vaya por ti. Él… no puede hablar —mi voz tembló un instante.

—¿Le pasó… algo? —preguntó, con miedo.

—Será mejor que lo veas tú mismo —dije.

Comenzó a llorar.

—Dime que está bien… —susurró.

—Lo estará… tranquilo. Llamaré a Sasuke —aseguré.

—Sí… Itachi, gracias —dijo Naruto, con voz quebrada.

—Descuida —respondí.

Llamé a Sasuke; en cuanto el doctor llegó, pasé a Naruto directamente a ver a Deidara.

El doctor confirmó que estaría bien: colocó un suero, ya que estaba muy deshidratado y la glucosa en su sangre muy baja. No había comido en días; solo era cuestión de que la droga en su sistema bajara.

Cuando el doctor estaba revisando a Deidara, Sasuke llegó. Lo llevé a su habitación; tan pronto lo vio, se lanzó a abrazarlo, llorando.

—¡Dei! Gracias a Dios estás bien… ¿Qué pasó? —lloró Sasuke.

Deidara levantó el rostro con tristeza, ojos desenfocados. Apretó los puños, mientras más lágrimas caían por su rostro.

—Ya… ya está, Dei… estarás bien —susurró Sasuke, acariciando su cabello y besando su frente.

Naruto me miró:

—Gracias, Itachi… muchas gracias —dijo.

—Solo cuida de mi hermano y no lo lastimes —advertí.

—Jamás lo haría —contestó, firme.

El doctor explicó todo a Naruto y recomendó un tranquilizante para que durmiera toda la noche y su cuerpo se desintoxicara mejor. Tras su consentimiento, una inyección hizo que Deidara cerrara los ojos y durmiera profundamente hasta la mañana siguiente.

Naruto no se separó de él ni un minuto; acariciaba su cabello y besaba su mano.

A las 8:00, besó la frente de su hermano una vez más y se puso de pie.

—Debo irme… Itachi, ¿está bien si lo dejo? —preguntó.

—¿Trabajarás? Creí que te quedarías a cuidar de tu hermano —contesté.

—Quisiera hacerlo… pero no puedo faltar —dijo Naruto, con pesar.

—¿Por qué no? —pregunté, levantando una ceja.

—…Necesitamos la plata —respondió, desviando la mirada hacia Sasuke.

—Tranquilo, estará bien aquí —dijo Sasuke.

—Gracias, bonito —susurró Naruto, besando a su hermano. No le agradaba dejarlo, pero no dijo nada.

—Vendré mañana —aseguró Naruto.

—Te llevo —dijo Sasuke.

—Gracias —respondió Naruto.

Bajó las escaleras; Sasuke y yo lo seguimos discretamente.

—¿No te molesta? —pregunté.

—Trato de no pensar en eso —respondió Sasuke, suspirando.

Volví a la habitación y miré a Deidara.

No entiendo a Naruto… Estaba tan preocupado y desesperado por su hermano, y ahora que está aquí, lo deja para irse a trabajar. ¿Por qué?

¿Por qué es tan importante su trabajo para no faltar ni un día?

Intocable (Terminada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora