Yo me encargo

163 25 0
                                        


Naruto

A la mañana siguiente, desperté dolorido. El abuelo había sido muy rudo conmigo; se enfadó por perder mi sueldo. No tenía ganas de salir, pero Sasuke me había prometido hablar con su hermano, así que esperé pacientemente su llamada.

Las horas pasaban y comenzaba a preocuparme. Después de todo… ¿por qué Itachi me ayudaría? Sé que no le agrado… y menos después de lo de la última vez.

Bien entrada la tarde, al fin recibí la llamada de Sasuke que tanto esperaba.

Salí rápidamente. Esperaba ver su auto como siempre, pero en su lugar estaba la camioneta de Itachi. Aún no me sentía listo para verlo, pero el asunto de Deidara era más importante. Respiré profundo y caminé; Sasuke me alcanzó a medio camino.

—Naru… —dijo, abrazándome y besando mis labios. ¿Cómo no sonreír con eso?

—Hola, bonito… ¿todo bien? —pregunté.

—Sí… le hablé a Itachi sobre tu hermano. Ven, él hablará contigo —respondió.

Subí nervioso, pero subí. Itachi me miró por el retrovisor, pero casi de inmediato desvió la mirada, algo que agradecí.

—Mmm… hola, Itachi —dije, con la voz temblorosa.

—Hola —respondió brevemente.

Al menos me saludó. Comenzó a conducir sin decir nada. No sabía a dónde nos llevaba, y tampoco quise preguntar. Para mi sorpresa, se estacionó frente a una tienda, aunque al otro lado de la calle.

—Sasuke… ve por cigarrillos —ordenó.

—¿Fumas? —preguntó Sasuke.

Itachi solo abrió los seguros de las puertas en respuesta. Sasuke no era tonto; supo al instante que quería hablar conmigo a solas.

Tan pronto Sasuke bajó, Itachi giró su cuerpo y me miró directamente. Entrecerró los ojos, pero no aguantó mucho; un par de segundos después volvió a desviar la mirada.

—¿Qué pasó con tu hermano? —preguntó, serio.

—Hidan se lo llevó… —dije, temblando.

—¡Lo sé! Sé específico —insistió.

—Ufff… bien. El día que fuiste al bar… Hidan drogo a Deidara y lo lastimó. Dei no quería volver a verlo, pero hace dos noches Hidan fue al bar con sus amigos y se lo llevaron —relaté, apretando los puños enfadado.

—Sé que tenían una relación —dijo Itachi con voz fría—. Si Deidara se fue por voluntad propia, solo me harás perder mi tiempo.

Mi sangre se calentó. Deidara no era una pérdida de tiempo, pero justo ahora, Itachi era la única persona capaz de encontrar a Hidan.

—Hidan… está enfadado porque Deidara y tú estuvieron juntos. Me golpeó frente a mí. Sé que justo ahora lo está lastimando. No quiero involucrarte más, solo… tal vez si me dijeras dónde encontrarlo, podría ir yo mismo y sacarlo de ahí —dije, desesperado.

Itachi sacó su celular y lo colocó en altavoz. Tras cuatro tonos, al fin contestaron. Itachi me miró y puso un dedo sobre sus labios, indicándome que no hablara.

—¿Itachi? —gruñó Hidan.

—Hidan, comunícame con Deidara, por favor —ordenó Itachi.

—¿Qué? ¡No! ¿Para qué? —Hidan parecía molesto—. ¿Cómo sabes que está conmigo? Oh… ya sé. Fuiste al bar… Te lo dije, no puedes conformarte con una sola vez…

—Pásamelo —interrumpió Itachi.

—Lo siento, pero no puede contestar. Está ocupado —contestó Hidan con voz burlona.

—¿Ocupado? —preguntó Itachi, firme.

—Sí… ya sabes… después de lo de anoche, está tomando un baño —dijo Hidan, con arrogancia.

—Necesito hablar con él —insistió Itachi.

—¡Oye, tranquilo! —replicó Hidan—. Pagué por él, estará muy ocupado por un tiempo. Además, es mi descanso, ni siquiera tendría que haberte contestado.

—Lo sé. Solo ponlo al teléfono unos minutos, por favor —ordenó Itachi.

—En cuanto vuelva a mi cama le diré que te llame… si es que quiere —contestó Hidan y colgó.

Itachi me miró. Limpié rápidamente las lágrimas de impotencia que caían por mis mejillas. Ese hijo de puta debía estar haciendo con mi hermano lo que quisiera.

—Hidan… lo está lastimando… Deidara no ha hablado conmigo, ni siquiera llevó sus cosas —dije, con la voz quebrada.

Itachi solo me miraba, serio, sin decir nada.

—¿Sabes dónde puedo encontrarlo? —pregunté, aferrándome a esa última esperanza.

Sasuke ya venía de vuelta.

—Yo me encargo —dijo Itachi con voz firme.

Fue lo último que dijo. Sasuke subió al auto y nuevamente Itachi comenzó a conducir. Nos llevó a casa de Sasuke para que tomara su auto. Antes de bajar de su camioneta, lo miré; pareció leer mis pensamientos.

—Yo me encargo —repitió.

—Gracias —susurré, con el corazón latiendo a mil por hora.




Deidara

Me sentía completamente deprimido. Pensar en mi hermano solo hacía que mi ánimo cayera más; debe estar muy preocupado por mí…

Mis párpados pesaban; me costaba mantenerlos abiertos. La última dosis apenas comenzaba a desaparecer. Kakuzu y Kisame habían salido nuevamente, dejándome solo con Hidan. Seguro fueron por más alcohol.

Estaba en la cama, hecho bolita, abrazando mis rodillas. Intentaba despertar mi mente, aún aturdido. Hidan hablaba por teléfono, pero no lograba distinguir bien lo que decía. Tras un par de minutos, lo vi arrojar su teléfono a la mesa con fuerza y acercarse a mí.

—¿Hace cuánto sales con Itachi? —gruñó, con furia.

Quitó las sábanas que me cubrían, tomó mis muñecas y me hizo sentar en la cama. Estaba mareado.

Me abofeteó con fuerza.

—¡Contesta, puta! —gritó.

Me tomó del cabello con fuerza.

—No sé… no sé de qué… hablas… —intenté defenderme.

—¡Acaba de hablar preguntando por ti! —exclamó.

—Yo… yo… no sé nada… Suéltame —dije, temblando.

Me tomó por el cuello, derribándome de espaldas al colchón, y comenzó a ahorcarme.

—¡¿Hace cuánto lo ves?! ¿Eh?! ¡Te quejas de Gaara y hacías lo mismo con ese idiota! —gritó.

Me soltó; comencé a toser violentamente.

—Nunca… nunca lo… había visto… solo fue… esa vez —logré decir entre tosidos.

De inmediato me levantó por las muñecas y me abofeteó de nuevo.

—¡¡Mientes!! Si no te conoce, ¿por qué mierda preguntaría por ti?! —rugió.

—No sé… —susurré.

—¿Me crees idiota? —dijo Hidan, con una sonrisa cruel.

Me dio un puñetazo en el rostro que hizo sangrar mi nariz. Se levantó, tomó algo del buró: una pastilla más. Mis lágrimas comenzaron a caer.

—Ya no me des esa mierda… no voy a huir —dije, desesperado.

Se subió sobre mí, tomó mi mandíbula y la metió a su boca, cubriéndola con su mano para que no la escupiera.

—Nadie se burla de mí, Dei… Te vas a arrepentir —susurró, con voz amenazante.

Intocable (Terminada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora