Ojos amables

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***

Deidara:

Abrí los ojos lentamente, frunciendo el ceño ante la luz que se filtraba y golpeaba mis párpados. Con pesadez, extendí el brazo hacia el otro extremo de la cama, alcancé mi chaqueta y saqué el celular qué no dejaba de sonar

//Al teléfono//


—¿Sí?

— ¡Oh! Dei... Lamento despertarte.

Suspire, y talle mis ojos obligandome a espabilar

—¿Naru? ¿Qué sucede...? ¿Todo bien?

—Yo... mmm... me preguntaba si... ¿po-podrías ir por Ino al colegio?

—¿Todo bien?

— Sí... Uh... Solo que estoy algo ocupado, uh...

—Bien... ¡Ya entendí! Dile a Neji que no maltrate tanto tu lindo trasero.

— ¡Dei! ... Gracias. Ah, Dei... ¿podrías llevar mis cosas? Neji me llevará directo al bar.

—Sí, Naru... Nos vemos en la noche, no llegues tarde.

—Gracias, Dei... debo colgar.


//Fin de la llamada//

Suspiré con cansancio y miré la hora. Bien... aún tenía una hora y media para recoger a Ino. Me levanté de la cama, me quité la camisa, apestaba a alcohol y humo de cigarro... igual que mi cabello.

Asqueado.

Así me sentía todos los días al despertar y ver mi cuerpo convertido en un desastre, mi ropa impregnada de olores que no me pertenecían. Fui directo a la ducha. El contacto del agua con mi piel siempre era un alivio engañoso, tan satisfactorio que casi me perdía una hora intentando borrar el desastre de la noche anterior.

Pero eso era imposible.
No importa cuánto me tallara, nunca podría borrar las manos sucias ni los besos de los hombres del bar.

Hoy no tenía tanto tiempo. Me limité a sacar el olor a cigarro de mi cabello. Debía darme prisa si quería llegar puntual por Ino.

Naruto siempre era puntual, siempre responsable con nuestra pequeña florecita. Pero Neji...

Apenas llevan un año Saliendo y el lo controla todo. Apenas truena los dedos y Naruto corre como un perro obediente. Muchas veces he visto a mi hermano regresar con la mirada rota, con esa tristeza callada que intenta ocultar tras una sonrisa falsa. ¿No se supone que alguien que dice amarte debería hacerte feliz?

He intentado hablar con él, pero , ¿Qué derecho tengo yo?

Si mi vida es un ejemplo perfecto de lo que no debe hacerse.

Salí de la ducha y me vestí, dispuesto a salir rumbo al colegio de ino. Mi estómago gruñó: no había comido nada desde ayer. Caminé a la cocina, abrí la alacena y me agaché, buscando pan o cualquier cosa que calmara el hambre.

Entonces, una fuerte palmada ardió contra mi piel. Una nalgada seca y fuerte. Me levanté de golpe y lo vi. —¿Tan temprano buscando licor?— Dijo con una sonrisa en el rostro

Intocable (Terminada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora