Destruido

143 23 0
                                        

Itachi

El asunto de ese chiquillo no deja de dar vueltas en mi cabeza. No puedo evitar sentirme, hasta cierto punto, culpable. Según Naruto, Hidan está molesto porque Deidara estuvo conmigo.

Pasaron dos días más; Hidan ignoró mis llamadas por completo, hasta que su celular se apagó.

Según se, Hidan no tiene un hogar fijo aquí; solo se queda en hoteles de paso. Estaba considerando seriamente en qué hotel podría comenzar a buscarlo, pero recordé un detalle importante que dijo Naruto, así que no perdí más tiempo y lo llamé.

—¿Itachi? —respondió Naruto, con voz nerviosa.

—Dijiste que Hidan iba con unos amigos… ¿sabes cómo se llaman? —pregunté.

—Mmm… sí, Kisame y Kakuzu, también son clientes del bar —contestó Naruto.

—Bien.

—¡Oye! ¡Oye! ¿Ya sabes algo de mi hermano? —preguntó, con la voz cargada de angustia.

—Te llamo mañana —dije, firme.


Naruto


¡Frustrado! Así me siento cada día que pasa…

Deidara ya llevaba cinco días desaparecido. Cada día mi angustia aumentaba, y si Itachi no era capaz de hallarlo, no sabía qué iba a hacer.





Deidara

Hidan no me ha dejado tomar conciencia ni un minuto. Tan pronto ve que comienzo a moverme, mete otra pastilla en mi boca.

Hace aproximadamente una hora empecé a despertar de mi trance, pero no me he movido en absoluto para que Hidan no se dé cuenta. Aun así, mi cuerpo está entumido… No sé cuántos días han pasado, pero sé que son varios. Tengo que salir de aquí.

Cada vez me siento más consciente de mi situación. Cuanto más despierto, más lastima siento por mí mismo.

No podía verlos, pero sí escucharlos; siguen bebiendo mientras platican. Sé que están los tres porque los escucho.

Más pronto de lo que esperaba, Hidan se acerca a la cama, me toma por las muñecas y me voltea con fuerza hasta dejarme boca arriba. Me mira por unos instantes y pellizca con fuerza uno de mis muslos.

—¡MGHH! —grité.

Se sube sobre mí y me abofetea.

—¿Hace cuánto estás despierto, idiota? —gruñó.

Intentó besarme; giré la cabeza para evitarlo, pero me tomó las mejillas y forzó un beso, hasta que puse mis manos en su pecho y lo empujé con fuerza. Él tomó mis muñecas y comenzó a besar mi cuello, se posicionó entre mis piernas y bajó sus pantalones.

—Déjame ir —susurré.

—Pagué por esto, así que sé buena y cumple con tu trabajo —dijo Hidan, cruel.

Me penetró y dolió, pero no me quejé; tampoco me moví, solo lo miré.

—Déjame hablar… con Naruto… —intenté decir.

—Shhh —susurró mientras me embestía.

Comencé a llorar mientras él besaba mis labios nuevamente. Terminó y acomodó sus pantalones.

—Tengo sed… —dije con voz quebrada.

Sonrió, tomó una botella de whisky y aprieta mis mejillas, dejando caer un chorro en mi boca, empapando mi cuello y pecho. El whisky ardía en mi seca garganta, pero no dije nada.

Me jaló del brazo, me puso de pie y me arrastró al baño, metiéndome en la regadera.

—Dúchate —ordenó, saliendo y cerrando la puerta.

La ducha no me parecía tan mala; abrí el agua y me metí bajo ella, bebiendo un poco. Mi cuerpo lo agradeció; no sabía cuántos días llevaba sin comer ni beber.

Mi estómago estaba vacío, dolorido… pero más dolorido estaba mi corazón.

Es estúpido, pero… realmente quería a Hidan. Sus palabras y acciones me destruyen; nunca sintió nada por mí, solo me veía como un agujero para divertirse. Solo quiero que me deje tranquilo.

Terminé de lavarme y me puse una bata del hotel. Me miré en el espejo… estaba hecho mierda: cabello lleno de nudos, rostro pálido, estómago hundido. Limpié mis lágrimas y salí del baño.

Hidan me miró, caminó hacia mí con un par de pastillas.

—Ya no —dije, negando con la cabeza.

—Abre la boca —ordenó.

—No quiero… Hidan —susurré.

Me abofeteó.

—¡Abre la boca! —gritó.

Me dio un puñetazo en el rostro. Mi coraje creció; quise salir de ahí. Golpeé su rostro con mi puño, retrocedió unos pasos, pero yo no me detuve. Lo golpeé hasta derribarlo, y seguí golpeándolo.

Escuché a Kisame acercarse. Dejé a Hidan a un lado y me abalancé sobre Kisame, golpeándolo. Kakuzu llegó a toda prisa y Hidan también. Me derribaron; una lluvia de patadas y golpes cayó sobre mí.

Kisame y Kakuzu se detuvieron al ver que ya no me defendía, pero Hidan no. Él seguía pateando mi cuerpo.

—¡Suficiente! —gritó Kisame.

Kakuzu lo tomó por los hombros y lo alejó de mí. Hidan me miró, enfadado, tomó las pastillas y me las metió en la boca. Comencé a llorar. Ya no quería.

Tan pronto las tragué, Hidan me soltó, se puso de pie, me tomó del cabello y me arrastró de vuelta al baño, arrojándome al suelo y saliendo, cerrando la puerta.

Mi corazón latía con fuerza, tanto que mi pecho dolía. Mis ojos se desenfocaban y me sentía exhausto. El cabello goteaba sobre mi rostro; el frío piso de mármol se sentía en mi mejilla.

—Naruto… —susurré para mí mismo. Solo quiero ir con mi hermano.




Itachi

—Bien, ya estoy aquí… ¿a qué se debe tanta urgencia? —preguntó Kisame.

Saqué un fajo de billetes y lo coloqué sobre la mesa.

—¿Y eso? —dijo Kisame.

—Llévame con Hidan… sabes dónde tiene a ese chiquillo rubio —respondí.

—La verdad, no quisiera involucrarme en eso… —dijo Kisame.

Saqué otro fajo de billetes.

—Si no los tomas tú, Kakuzu seguro lo hará —advertí.

No dijo nada más; simplemente guardó el dinero en su saco.

—Vamos… —dijo finalmente, levantándose.

Intocable (Terminada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora