V.

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Miré de reojo a Travis, que también me miraba de vez en cuando

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Miré de reojo a Travis, que también me miraba de vez en cuando. Tenía la sensación de que ambos estábamos esperando al momento oportuno para hablar. Había una especie de silencio incómodo entre ambos que jamás antes había sentido y que, en esos momentos, me moría por romper.

Hacía varios días ya que no dormíamos juntos. No nos habíamos visto fuera del Zelo's, y allí dentro tan solo nos dedicábamos a hacer nuestro trabajo. Apenas intercambiábamos palabras y ni hablar ya de mirarnos como lo hacíamos antes. Y sonará estúpido, pero lo echaba de menos. Al fin y al cabo, Travis se había convertido en aquel lugar al que siempre acudía cuando necesitaba algo.

–¿Estás con él? –su voz hizo que me voltease en cuestión de segundos.

–¿Cómo? –pregunté algo confundida. Llevaba días sin hablarme y aquello era lo primero que tenía que decirme.

–Que si estás con ese tío; con el que acompañaste a su casa –fruncí el ceño ante aquella pregunta tan estúpida. Ni siquiera entendía porque le importaba. A él jamás le había importado mi vida; tan solo quería saber qué días tenía disponibles para irme a su casa.

–No estoy con nadie, Travis, aunque tampoco sé porque tengo darte explicaciones sobre mi vida –contesté, a lo que él solamente me devolvió una sonrisa; una que estaba acostumbrada a ver.

Estaba sonriente, pero con lujuria en su mirada. Sabía muy bien lo que aquello significaba. No era la primera vez que estábamos en aquel punto, y lo cierto era que, por mucho que me fastidiase, me moría por volver a estar entre sus brazos.

No había sentimientos; jamás los había habido. Simplemente lo pasábamos bien; tan solo un rato de lujuria y disfrute. Ambos nos conocíamos bien en la cama, sabíamos lo que necesitábamos el uno del otro.

No tuvo que decirme nada; no hacía falta decir nada más. Sus manos fueron a parar a mi estrecha cintura, levantándome del suelo para enredar mis piernas alrededor de sus caderas. Nuestros labios se volvieron a encontrar después de días, y lo hicieron de una manera arrolladora, arrasando el uno con el otro.

Necesitaba aquello, necesitaba un poco de placer para olvidarme de todo. Necesitaba sentir su cuerpo contra el mío, y la trastienda del Zelo's era el mejor sitio para ello. No era la primera vez que aquel lugar era testigo de nuestros deseos más carnales. En muchas ocasiones recurríamos a él para dar rienda a nuestras pasiones más ocultas.

Y ese día no fue diferente. Entramos en aquel lugar completamente a oscuras hasta que Travis encendió la luz a tientas. Tan solo una pequeña bombilla en el centro de la sala la iluminaba. Mi espalda chocó contra la pared y un gemido se perdió en la boca de Travis, que no dejaba de arrasar con la mía mientras sus manos se colaban por dentro de mi ropa.

Me quitó la camiseta en un abrir y cerrar de ojos, y yo hice lo mismo con la suya. Mis manos se aferraron a su espalda fuerte y trabajada cuando sus labios se perdieron en mi cuello, mordisqueándolo ligeramente. De mi boca tan solo salían gemidos y suspiros, unos que me ayudaban a olvidarme de todo.

Postales certificadas | Charles LeclercDonde viven las historias. Descúbrelo ahora