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Esa mañana al despertar me encontré en la cama, sobre el pecho de Taylor, el arrepentimiento me llegó de inmediato, no por lo que hicimos porque eso fue...bueno fue asombroso, pero mi espalda, y mis caderas carajo me dolían mucho, sentí cada músculo de mi cuerpo pesar como el plomo, en cuanto trate de alejarme a gatas del hombre desnudo en mi cama, una mirada y estaba claro porque dolía.
¿Todo eso realmente estuvo dentro de mi?, note otro detallito, mis piernas parecían de gelatina, y no respondían, no podía huir.
¿En qué diablos estaba pensando?
Me sermonee mentalmente, diablos, iba a despertar en cualquier momento, no podría ni verlo a la cara, iba a morirme de vergüenza, ni siquiera recordaba si las luces habían estado encendidas durante el proceso, debió verme todo, lo que sí recuerdo es que era muy muy entrada la madrugada cuando recupere el sentido y el seguía queriendo más.
Di un vistazo a la habitacion, era como si un huracan hubiera pasado por aquí, el armario destrozado sobre el suelo, las ventanas rotas habían dejado un millar de vidrios en el suelo, libros, esculturas, botellas de cosméticos y perfume desperdigados el suelo, el escritorio, partido a la mitad, la lámpara de la mesita de noche, el reloj y los lindos adornos que habían, destrozados tambien, las cortinas chamuscadas, otras arrancadas, varias almohadas hechas girones y cientos de plumas blancas provenientes de ellas flotando por ahí aún.
Irónicamente lo único que no habíamos destrozado era la cama.
Taylor se giro dormido, quedando de espaldas, vi claramente los multiples surcos a carne viva en su espalda, y la marca de varias mordidas, en su cuello, en sus brazos acompañadas de lo que reconocí como chupetones.
Yo no recordaba haberlo marcado de esa manera tan desquiciada, pero una mirada a mis manos y estuvo confirmado que si, tenía las garras cubiertas de su sangre.
A trompicones llegue sujetandome de las paredes hasta el baño.
¿Qué diablos fue lo que estuvimos haciendo?
Tenía ojeras, me aliviaba no sentir hambre así que solo eran de cansancio, tenía marcas de mordidas por todas partes, la marca de las manos de Taylor en donde había hecho presión, borrones rojizos y violáceos que podrían verse a kilometros, en mi cintura, en mi cadera, en mis brazos, en mis piernas, y hasta en mi cuello.
Odie tener la piel tan pálida, eso no podría cubrirlo con maquillaje, me lleve la mano a algunas zonas en donde se habían formado cardenales por esa fuerza inhumana suya, era casi un milagro que en medio de tanto descontrol no me hubiera roto nada.
Tengo que irme antes de que se despierte, regrese como pude a mi habitación en busca de mi celular pero valla sorpresa.
Estaba en el suelo con la pantalla hecha trizas
Maldije en mi fuero interno.
Apreté más las sabanas al rededor de mi cuerpo y avanze hacia la puerta la abrí despacio y me escabulli fuera, cada paso era una tortura, lo pensaría dos veces antes de volver a hacer algo con esa bestia, no tuvo la menor compasión con mi delicado cuerpo.