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MY BLOOD
Subimos al enorme, obstentosoo y reluciente auto negro con vidrios ahumados al que Taylor nos llevó, todos entramos y emprendimos el viaje.
Victor conducía y Taylor iba en el copiloto con los brazos cruzados sobre el pecho.
¿A donde ibamos? Pues, ni idea, pero que sea lejos de ese infierno, Yeng y Axel estaban sentados a mi lado, ninguno de ellos vio hacia atrás.
Mi primo que talvez ahora debería comenzar a llamar hermano tenia la mandibula tensa y los nudillos de sus palidas manos enrrojecidos por el golpe que le habia dado a Matt.
No sabía como mirarlo a la cara, lo que habia revelado Matt me había turbado bastante, pero....¿y a el?.
Yeng también estaba pálida, no sabía si a causa del frío o por lo que habíamos visto, a pesar de llevar el rostro medio cubierto por la capucha de su abrigo, se pondia notar claramente que ahora su expresion era dura, como la de un guerrero que a salido finalmente del campo de batalla, victorioso, pero perdiendo algo de su humanidad.
Los gritos de las personas y wendigos se oian aún cuando llegamos a la carretera principal, mi cuerpo fue recorrido por un potente escalofrío.
Yeng se percato y finalmente se quito la capucha que habia ocultado su rostro todo este tiempo.
- Victor ¿podemos parar un momento? - dice al tiempo que se quita el abrigo.
- No hay tiempo - corta Taylor con la mirada fija en el camino y su habitual expresión amargada.
- Entonces, ¿dejaras a tu mujer morir por hipotermia? - le suelta ella perdidendo la paciencia.
Mi mujer...
Recordé lo que habia dicho en medio de toda esa gente y derrepente me sentí muy inquieta, ¿Porque me llamó así? Yo no era nada suyo ¿verdad? ¿Y porque me lo estaba cuestionando ahora?
A Victor y Axel se les escapo una risa por lo bajo al ver la mirada asesina que le dedico Taylor a Yeng, un claro "cierra la boca" al tiempo que el auto disminuia la velocidad.
- ¿Que haces Victor? - reclama Taylor al ver que nos detenemos.
- La señorita Riley tiene razón, su mujer podría enfermarse - responde Victor con una sonrisa bufona que trata de ocultar ladeando la cara.
Como si derrepente el paraje desolado, nevado y frio que nos rodeaba fuera la cosa más interesante del mundo.
- Ya oíste al doctor - sentencia Yeng sosteniendole la mirada a Taylor - todo mundo fuera de aquí.
- No me hagas perder mi tiempo - amenaza el amargado de cabellos oscuros fulminandola con la mirada.
- No me hagas perder la paciencia - Yeng le devuelve la amenaza.