Somos un grupo de 5 chicos y siempre estamos juntos. Aunque soy el más tranquilo y calmado de mis amigos, me siento completamente seguro cuando estoy con ellos. Desde que estábamos en la escuela, me han protegido de los demás cuando me intimidaban p...
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Vidal
Ya han pasado varios días desde el accidente y Julls aún no ha despertado.
La persona que yace en esa cama, aferrándose a la vida, es a quien amo profundamente. Es como una luz al final del túnel, una esperanza que brilla incluso en la oscuridad. En nuestros días más difíciles, cuando todo parecía desmoronarse, él siempre estuvo ahí, dispuesto a ayudar en lo que pudiera, sin pedir nada a cambio.
Suspiro profundamente, y una suave sonrisa se dibuja en mi rostro mientras me pierdo en mis pensamientos. Fue entonces cuando comprendí que aquel niño pequeño y asustado había sido, desde siempre, lo que mi alma había estado buscando. Tal vez de niño no lo entendía del todo, porque también era solo un niño, tratando de sobrevivir en un mundo de adultos, enfrentando una realidad que muchas veces resultaba demasiado dura.
Pero convivir con él durante tantos años me hizo comprender que el cariño que sentía no era el de un hermano mayor cuidando a su hermano pequeño... era algo mucho más profundo.
Es amor, un deseo profundo, una necesidad constante de tenerlo cerca y no dejarlo ir jamás. Al principio creí que estaba confundido, que quizá mis sentimientos me engañaban o que mi mente me jugaba una mala pasada.
A pesar de que Julls siempre fue honesto con nosotros sobre sus gustos, nunca imaginé que alguien se atrevería a involucrarse con él de verdad. Pensaba, ingenuamente, que estar con nosotros lo distraería, que no necesitaría buscar una relación seria con nadie más.
Samuel llegó a nuestras vidas con la intención de molestar, y no voy a negar que era bueno en lo que hacía, demasiado bueno, al punto de causarme estrés cada vez que lo veía cerca. Aún no entiendo cómo logró seducir a Julls. En su momento, todos estaban fascinados con su encanto, pero quien terminó cayendo irremediablemente en su red fue mi querido Julls.
Claro que la situación no nos pareció la mejor. Además, Julls nos contaba todo, nos pidió consentimiento. ¿Qué íbamos a hacer, negarle lo que por derecho le corresponde? Pues claro que no. Él podía hacer muchas cosas sin tener que pedirnos permiso, pero su gratitud hacia nosotros llegó a tal grado que nos informaba absolutamente de todo.
Y entonces llegó ese momento en que Samuel sacó lo mejor de él. Julls se veía feliz... tan feliz, que me dolía admitir que la razón de su sonrisa era Samuel. Y eso, aunque no quisiera, me molestaba profundamente.
Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que, sin querer, los cuatro estábamos enamorados de la misma persona.
Buscamos información sobre él, algo que nos dijera que era una mala persona, porque tanta amabilidad me parecía sospechosa. Pasamos meses buscando cualquier cosa para alejarlos, pero entre más convivían, más fuerte se volvía su relación, lo que debía impedir a toda costa, pero simplemente no encontrábamos la manera de hacer que ellos se separaran.