Extra

885 69 2
                                        

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


—¿Quién es ese pequeño? Es tan lindo, tan frágil. ¿Por qué siempre lo molestan? —Habló el niño de pelo oscuro y ojos profundos color negro, llamado Vidal.

—No sé. He escuchado que es uno de los más adinerados de esta escuela. Por eso mismo no lo quieren. Además, dicen que es afeminado, pero a mí me parece lindo —contestó Santiago, de ojos café claro y cabello castaño, mientras jugaba distraídamente con un mechón de su cabello.

—Es tan lindo que podríamos acogerlo en nuestra pandilla. ¿Qué opinan? —Propuso otro miembro del grupo, su nombre es Gael, liberal pero muy responsable, con unos ojos café oscuro impresionantes.

—Me parece bien. Creo que es lindo. Además, lo ayudaremos para que no lo molesten. Siento que están siendo demasiado crueles con él —aceptó la propuesta el último miembro, con una sonrisa sincera y un tono cálido. Su nombre es Jean.

—De acuerdo —dijo el jefe, con voz firme y decidida.

Las palabras que dieron inicio a todo esto.

<<<<<<<Dos años después>>>>>>

—¿Por qué lo tratan así? ¿Saben quiénes somos? Además, tienen que tener en cuenta que él es el que más dinero tiene, aparte de nosotros. Seguro sus padres le pagan el sueldo a los suyos —dijo con tal firmeza aquel pequeño que se estaba adaptando a un ambiente escolar diferente, pero que ya era el jefe.

Los demás niños salieron corriendo, temiendo que los reportaran o que llamaran a sus padres. En el fondo, sabían que probablemente lo que dijo Vidal era cierto.

—¿Me van a lastimar también? —preguntó tembloroso el pequeño rubio de ojos claros y piel perfecta, aún sentado en una esquina de aquel baño.

—No vamos a hacerte daño —le respondió Jean, haciéndole entender que siempre habían estado cuidándolo.

—No queremos hacerte daño —mencionó Gael, intentando ayudar al pequeño a levantarse para que no estuviera en el frío del suelo.

—Está bien si no confías en nosotros todavía, pero te prometo que estarás seguro —dijo Santiago con sinceridad, mirando al pequeño a los ojos.

—¿Cuál es tu nombre? —preguntó el jefe, intentando que el pequeño hablara. Aunque ya sabían todo de él, aun así querían escucharlo decirlo.

—Mi nombre es Julls Sweet —dijo él, con una voz tímida pero firme. Era el nombre de la persona que, sin saberlo aún, iba a darle sentido a sus vidas.

—Está bien, pequeño, desde hoy serás nuestro protegido. No dejaré que nada ni nadie te haga daño —habló con firmeza.

GRUPO DE 5Donde viven las historias. Descúbrelo ahora