Somos un grupo de 5 chicos y siempre estamos juntos. Aunque soy el más tranquilo y calmado de mis amigos, me siento completamente seguro cuando estoy con ellos. Desde que estábamos en la escuela, me han protegido de los demás cuando me intimidaban p...
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Julls
Después de lo ocurrido, me quedé paralizado, perplejo al darme cuenta de lo que había hecho. Sentí como si hubiera cometido el peor de los crímenes, aunque no es que sea tan grave, pero mi subconsciente me hace sentir así. No es normal pensar en tus amigos de esa manera... ¿o sí?
No tiene sentido. No voy a pensar más en eso, haré como si nada hubiera pasado y como si esos pensamientos no existieran.
—Julls... ¿Estás bien? —se escuchó la voz de los chicos desde afuera del baño. Había estado encerrado demasiado tiempo, seguro se estarían preguntando qué me pasaba.
—Estoy bien, de hecho, ya terminé de ducharme —respondí mientras abría la puerta del baño.
Por un momento me sentí incómodo al mirarlos a la cara, me daba mucha vergüenza pensar en lo que había hecho unos minutos antes, así que sin decir nada pasé en medio de ellos.
Me concentré en secar mi cabello en silencio, ellos también guardaron silencio y me miraban confundidos, desvié la mirada a cualquier lugar que no fuera la cara de alguno de ellos, pero no podía evitarlo.
—¿Escucharon eso, verdad? —pregunté con nerviosismo.
—Si te sientes incómodo, haremos como si no hubiéramos escuchado nada —dijo Jean, acercándose a donde estaba. Me miró fijamente a los ojos y, sin apartar la vista, tomó la toalla y siguió secándome el cabello. —No te sientas mal por sentir cosas... a ti podemos permitirte todo —añadió con suavidad.
Su rostro quedó a centímetros del mío, solo asentí lentamente mientras una pequeña sonrisa espontánea se dibujaba en mis labios. ¿Qué estoy sintiendo? ¿Qué me está pasando con ellos?
—Eso es correcto, Julls —susurró Santiago cerca de mi oído, tan bajo que me sobresalté y aparté la mirada de Jean para concentrarme en él. Era el momento más loco, pensar que podía estar con los cuatro al mismo tiempo. Cálmate, Julls, ¿qué estás pensando? Son solo tus amigos... Pero no podía dejar de mirarlo. Giré un poco la cabeza, intentando descifrar sus pensamientos. Sus ojos reflejaban mi rostro, podía verme claramente en ellos... ¿Qué hago?
—Eh... chicos, lo siento mucho por lo de hace un rato, me siento realmente avergonzado —dije, apartándome de los dos.
—No pasa nada —dijo Vidal con calma.
Él estuvo todo el tiempo sentado en el mismo lugar donde lo dejé al entrar al baño, siempre he sabido que a Vidal le queda bien todo. La forma en que sostiene ese vaso de licor está causando muchas cosas en mí, su mirada arrogante pero suave cada vez que me mira me confunde. Sé que es imposible enamorar a alguien como él... Además, ellos me ven como un hermano pequeño.
—Julls, ¿estás bien? —preguntó Gael con preocupación.
Aparté la vista de Vidal y dije: —Nada, solo voy a dormir. Perdón si los hice sentir incómodos, chicos, en serio, lo siento mucho.