Capítulo 23

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Julls

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Julls

Después de todo lo que ha sucedido en los últimos meses, finalmente una buena noticia parece asomarse: resulta que nos podremos deshacer de todos aquellos que nos están haciendo daño. Sé que todo lo que están planeando es muy peligroso, pero tengo plena confianza en que mis chicos podrán resolverlo, como siempre lo han hecho.

La mañana está sospechosamente tranquila, y eso me abruma. He tenido que hacerme cargo de todos los negocios de mi papá, cuando sé poco sobre el manejo de grandes compañías de construcción. Gracias a que tengo un equipo muy competente, la empresa sigue en pie y mejora con el paso de los días. No podía permitir que mi padre se levantara y viera cómo todo lo que había construido se echara a la basura.

—Julls —llamaron a la puerta de mi oficina. Me percaté de que era Marina, así que la hice pasar.

—¿A qué debo tu visita? —pregunté, un poco curioso.

—Solo venía porque me he enterado de algunos rumores. Después de la muerte del diputado, su hijo —es decir, tu exnovio— está causando problemas y está dispuesto a hacer todo lo posible para que ustedes no sean felices —explicó, con evidente preocupación por la situación.

—Eso no es nada nuevo para mí. Siempre fue un idiota, desde hace mucho tiempo, y lo único que le interesaba era saber qué hacía yo con los chicos, husmear en nuestra vida. Seguro que fue su padre quien lo mandó, con la intención de encontrar cualquier cosa sospechosa —respondí, con la voz tensa.

—Las personas pueden ser increíblemente crueles, más de lo que cualquiera quisiera admitir —dijo, con la voz baja pero firme—. No todos lo son, claro, pero siempre habrá alguien dispuesto a perturbar tu paz, a hacer que tu vida se convierta en un infierno. Aquí no importa si eres lindo, rico o tienes todas las conexiones del mundo. Lo único que realmente cuenta es cómo usas esos atributos para sobrevivir... o para perderlo todo.

—El ejemplo soy yo —dije—. Mis padres son dueños de media ciudad, pero ni siquiera eso fue suficiente para ganarme el respeto que merezco. A veces pienso que si no hubiera conocido a esos chicos ese día, probablemente ni siquiera estaríamos teniendo esta conversación.

—Probablemente tengas razón —respondió, con una leve pausa antes de añadir—. A veces, las cosas no son tan simples como parecen.

—Pero hace tiempo dejé de tenerle miedo a los demás, y me di cuenta de que tenía todo para ganarme el respeto de las personas, pero aun así, siempre me engañaban. Víctor y Samuel son claros ejemplos —dije.

—Entiendo bien eso, y sabes que siempre te he apoyado. Por eso estoy aquí, para ofrecerte mi ayuda, como siempre. Sabes que nunca te traicionaría —dijo, con sinceridad.

—Desde que te conocí, supe que podrías ser esa hermana que nunca tuve, y no me equivoqué, ahora, más que nunca, necesito tu apoyo para poder ayudar a los chicos en la noche de la carrera, no podemos dejar que esos idiotas piensen que pueden ganar en nuestro territorio —advertí.

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