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PARA LLEGAR A LA LOCALIZACIÓN DONDE IBAN A GRABAR LA ESCENA DEL FUSELAJE (DESPUÉS DEL IMPACTO DEL AVIÓN), tenían que subir en teleférico a la zona más alta de Sierra Nevada, en Granada. Vio a la mayoría de chicos nerviosos por subirse a las cabinas, pero lo cierto es que ella estaba bastante tranquila. El que no se quedaba quieto ni a tiros era el pelotudo de Matías, que llevaba mordiéndose las uñas desde que habían empezado a hacer cola para subirse al teleférico.
—Como sigas así te avento un golpe contra la nieve—lo espabiló Candela.
—Vos siempre tan delicada—se burló Massy justo antes de que un hombre de seguridad la hiciera subir a la cabina y comenzar a ascender.
Felipe, que iba un par de personas por detrás que ella, se coló en la fila y ella lo miró fulminante.
—Eh. ¿Vos no querías una tregua? ¿Para que te me cuelas?
Pipe le dedicó una sonrisa antes de guiñarle un ojo.
—Se siente, querida.
La pelirroja estuvo a punto de explotar, pero la mano de Juani en su hombro la detuvo.
—Déjalo. Se está haciendo el machito.
—Ayer me pidió una tregua y hoy se pone así. Ese hombre me vuelve loca. Ya no sé si me odia en serio o que le pasa.
Blas, que estaba junto a Juani hablando por WhatsApp y con una sonrisa genuina, negó con la cabeza.
—¿Sabes que es lo que quiere Pipe más en este mundo?
—¿Sus amigos? ¿Su familia? ¿Su pelo?
—No—atajó Juani—. ¡Lo que más le quiere en esta vida es al River!
Blas le dio la razón al chico un chasquido.
—Ahí le has dado, Juani. ¿Y sabes que ayer por la noche había partido del River?
De repente, Candela entendió lo que quería decir el veinteañero y se le derritió la sonrisa de la boca. De igual forma, Blas lo dijo en voz alta.
—Felipe no vio el maldito partido de ayer por la noche del River por quedarse con vos... Odio, odio no se me traen los dos, eh.
Entonces Candela notó la cara muy roja y se dio la vuelta para que los chicos no la vieran sonrojarse. ¿De verdad Pipe había pasado parte de la noche con ella para animarla y se había perdido el partido del River? Intentó racionalizar el pensamiento, pero no lo consiguió.
—Por favor, los dos siguientes—pidió con voz monótona el hombre que los ayudaba a subir al teleférico con la paciencia rozando peligrosamente su límite.
Candela dio un paso y vio como Felipe daba un paso hacia delante rápidamente y se subía. Pero Rocco (que era quien iba justo delante de ella) se llevó las manos a la cabeza y exclamó.