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PIPE

«SIGUE ACÁ

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«SIGUE ACÁ.» Ese era el pensamiento que se repetía Pipe en la cabeza mientras veía como Candela seguía durmiendo a su lado mientras el sol comenzaba a asomarse, con los ojos cerrados, el pelo revuelto y con su camiseta puesta y arrugada.

«Sigue acá. Sigue acá. Sigue acá.»

Le latía el corazón más rápido con tan solo mirarla dormida.

Una sensación de cariño se apoderó de todo su ser recorriéndolo con un fervor inagotable. Jamás la había visto tan tranquila. Era, sin lugar a dudas, la vez que más sosegada la había visto: Ella siempre estaba de un lado hacia otro, de acá para allá con prisa y poniendo nervioso a todo el mundo (incluso a él)... Por eso verla descansar le parecía un regalo que los Dioses le ofrecían.

Inconscientemente, él recorrió con un dedo el perfil de su nariz y al verla arrugar el ceño y sobarse la cara intentando quitarse su dedo aún dormitando sonrió.

Siempre los recogían al grupo entero en autobús en la puerta del hotel para llevarlos a los teleféricos y si no se levantaban de la cama no iban a llegar a tiempo.

—Zanahorias... Despierta. Queda una hora para que nos vayamos...

—Mhum...

—Eh, nenita...

—Pipe, aparta tu dedo feo de mi cara—gruñó ella abriendo los ojos.

—Ya está mi angelito despierto—ironizó él.

Ella se frotó los ojos cansada y salió de su ensoñación.

—¿Puedo darme una ducha antes de subir a mi cuarto?

—Podes hacer lo que queras. Yo te acompaño si gustas.

La pelirroja lo miró unos segundos en silencio y con el ceño fruncido.

—Ni hablar.

Ella se levantó y se dirigió al baño mientras él se le quedaba mirando embobado y con una sonrisa enorme en la cara. Cuando escucho el agua de la ducha caer, se levantó y sacó ropa del armario abrigada para aprovechar las horas que le dejarían llevar su propia ropa antes de ponerle la de Carlitos Páez. Algo movió a Pipe a coger su camiseta del River y dejarla sobre la cama, con una intención clara en mente.

Se cambió de ropa y esperó a que Candela saliera. Pero la chica tardaba mucho, y él se acercó a la puerta del baño para ver si estaba bien y tronó los dedos.

—¿Zanahorias...?

—¡Aaaah!

Candela pego un salto del susto y él se llevó una mano al corazón aliviado.

—Menos mal. Pensé que te habías...

Se quedó a mitad de frase ya que, al fijarse en la chica, no pudo evitar apartar los ojos de su espalda y abrir los ojos y la boca a modo de sorpresa: Candela tenía la espalda del color de su piel (pálida y con algunos lunares cubriéndole los hombros), pero toda la parte trasera la tenía llena de unos cortes rojos y largos que parecían garras de monstruos. Eran cortes finos y grandes al mismo tiempo, si tenía sentido, y el brillo que reflectaban estaba bañado por las luces del baño. Eran excesivamente profundas. El tamaño y grosor de esas cicatrices alertó a Pipe, ya que, incluso con Candela enrollándose en la toalla, se podían translucir ligeramente.

𝐖𝐎𝐑𝐊 𝐒𝐎𝐍𝐆──𝙁𝙚𝙡𝙞𝙥𝙚 𝙊𝙩𝙖ñ𝙤Donde viven las historias. Descúbrelo ahora