XXVIII. De la muerte a la vida

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El corazón de Jungkook parecía detenerse por un instante cuando escuchó esa voz familiar, una voz que creía haber dejado atrás en el pasado. Con el pulso acelerado y la respiración entrecortada, se volvió lentamente para enfrentarse a la figura que lo amenazaba con un arma.

Ante sus ojos incrédulos, se encontraba Jisoo, su difunta esposa, sosteniendo el arma con determinación. La sorpresa lo dejó paralizado por un momento, incapaz de procesar lo que estaba viendo. Jisoo, a quien había perdido hace tanto tiempo, estaba frente a él, viva y apuntándolo con un arma.

El shock inicial dio paso a una mezcla de emociones tumultuosas: incredulidad, confusión, dolor y un atisbo de esperanza. ¿Cómo era posible que estuviera viva? ¿Qué estaba pasando realmente en ese lugar? Las preguntas se agolparon en su mente, pero antes de que pudiera articular una respuesta, Jisoo habló con una voz fría y amenazante.

–Jungkook–, susurró, su mirada llena de determinación. –Pensé que te había perdido para siempre, pero aquí estás, igual de terco que siempre.

La voz de Jisoo resonaba en su mente, evocando recuerdos de un pasado que creía haber dejado atrás. Pero ahora, con ella frente a él, todo parecía tan real, tan surrealista. Jungkook se esforzó por encontrar las palabras adecuadas, pero antes de que pudiera responder, la tensión en el aire se intensificó cuando Jisoo apretó el gatillo del arma.

[…]

El aire en el búnker se volvió pesado y denso, impregnado por los gritos de dolor de Jin que llenaban el pequeño espacio. Jimin, con la determinación grabada en su rostro, se preparó para realizar la cesárea improvisada, consciente de que no había tiempo que perder.

Con manos firmes, comenzó el procedimiento, recordando cada paso con la precisión de un cirujano experimentado. Con mucho cuidado, hizo el corte necesario en el vientre de Jin, sintiendo el latido frenético de su propio corazón mientras la sangre comenzaba a manar.

El dolor de Jin era palpable en el aire, pero su valentía y su fortaleza eran evidentes incluso en medio de su sufrimiento. Mientras tanto, Taehyung se mantenía al lado de su hermano, observando con una mezcla de preocupación y admiración por la determinación de Jimin.

El tiempo parecía ralentizarse en ese pequeño espacio, cada segundo interminable mientras Jimin trabajaba con cuidado y destreza para sacar al bebé. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, el llanto débil pero vigoroso de un recién nacido rompió el silencio del búnker, inundando el aire con una sensación de alivio y esperanza.

Jimin sostuvo al pequeño con manos, admirando su pequeño rostro con una mezcla de asombro y gratitud. Taehyung miraba con los ojos llenos de lágrimas, abrumado por la emoción de presenciar el milagro del nacimiento en medio del caos y la incertidumbre.

Jin, exhausto pero lleno de alegría y gratitud, extendió temblorosamente los brazos para sostener a su hijo recién nacido, sintiendo una oleada de amor y protección abrumadora en su corazón.

–Hola mi hermoso bebé–, dijo el pelimorado entre lágrimas viendo a su bebé aún bañado de sangre.–Soy tu...–, Jin no alcanza a terminar cuando un inmenso dolor lo inunda como una ola.

Con la escena impregnada de tensión y preocupación, Taehyung observaba con creciente alarma mientras Jin luchaba contra la pérdida de sangre y caía en un estado de shock. La palidez de su rostro contrastaba con el tono rosado de la delicada piel del bebé que sostenía en sus brazos, creando un contraste impactante que reflejaba la fragilidad de la situación.

Jimin, con la calma que solo los más experimentados pueden mantener en momentos de crisis, se apresuró a actuar. A pesar de sus conocimientos médicos limitados, sabía que debía actuar con rapidez y precisión para salvar la vida de Jin y proteger al recién nacido.

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