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Después de una larga noche de insomnio, donde los minutos parecían horas y el silencio se mezclaba con el susurro del viento, finalmente la luz del nuevo día comenzaba a filtrarse a través de las cortinas entreabiertas, pintando el dormitorio con tonos suaves de amanecer. Mis ojos, pesados por la falta de sueño, se abrieron lentamente, y fui recibido por la escena familiar de Facundo y Lorenzo, aún sumidos en el mundo de los sueños, sus figuras apenas visibles bajo las sabanas que los envolvían como capullos.
Con cuidado, me deslicé fuera de la cama, tratando de no perturbar el sereno letargo en el que estaban sumidos los Duarte. Sin embargo, antes de que pudiera dar un paso, sentí sus manos aferrándose a las mías, como si hubieran estado esperando mi despertar durante horas.
Me giré lentamente para enfrentarme a las caras de los hermanos, y lo que vi me dejó perpleja. Sus rostros, iluminados por la pálida luz del amanecer, estaban marcados por profundas ojeras, testigos mudos de una noche de insomnio compartido.
— Creo que no pudieron dormir muy bien, ¿o sí?
— No me digas, Laura —respondió lorenzo sarcásticamente.
— y bien ¿que vamos a hacer hoy? —mi voz, ronca por la falta de descanso, rompió el silencio de la habitación, y ambos hermanos me miraron con una mezcla de somnolencia y expectativa.
—Nada— murmuró Facundo
Su tono despreocupado apenas un susurro en el aire de la mañana mientras se incorporaba lentamente, como si cada movimiento fuera un esfuerzo titánico.
Fruncí el ceño, sintiendo la urgencia de aprovechar cada momento en esta tierra extranjera que se extendía más allá de las ventanas. Florencia estaba ahí afuera, esperando ser explorada, y la idea de quedarnos inmóviles en la comodidad de la cama me resultaba inconcebible.
— Estamos en Florencia, no podemos desperdiciar esta oportunidad —repliqué.
— Te recuerdo que no estamos de paseo —respondió Facundo.
— Qué amargados son —respondí frustrada.
— Yo sé qué podemos hacer —intervino Lorenzo
Lorenzo comenzó a acercarse a mí con una mirada llena de deseo. Sus manos se aventuraban audazmente hacia mi camisa. Sentí un nudo de ansiedad retorcerse en mi estómago. Con rapidez, intercepté su mano con firmeza antes de que pudiera avanzar más.
—Tengo mi período Lorenzo— murmuré
Lorenzo se levantó de la cama de un salto, su expresión pasando de la lujuria al resentimiento en un instante. Mientras él tomaba su abrigo y se dirigía hacia la puerta con pasos largos y decididos.
—¿A dónde vas? — preguntó Facundo, su voz llena de confusión y preocupación por la reacción repentina de su hermano.
—Voy a disfrutar, hermanito. Lástima que tengas que ser la niñera — espetó Lorenzo con un tono cargado de amargura
Su mirada fulminante encontrando la mía antes de lanzar la puerta con un golpe retumbante, dejando a Facundo y a mí solos en la habitación con el eco de su salida aún resonando en el aire.
Jodido de mierda, susurré entre dientes, Mientras consideraba la posibilidad de seguir los pasos de Lorenzo y abandonar la habitación, la tensión en el aire se espesaba como una manta pesada, envolviéndonos a ambos en un silencio incómodo. Mis pensamientos corrían desenfrenados mientras intentaba encontrar una salida a esta situación tan delicada.
— Oye, Facundo, ¿podemos salir un rato?—pregunte
— No creo que sea buena idea—respondió facundo
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LOS DUARTE :EL ORIGEN #1
Novela JuvenilLaura nunca imaginó que un giro del destino la arrastraría al oscuro mundo de los Duarte, donde deseo y peligro se entrelazan. En un juego sin reglas, ella deberá enfrentarse a secretos profundos y pasiones prohibidas... ¿Será capaz de encontrar la...