Hola, soy Lexa, la mujer de tu vida

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Tres largas semanas más de recuperación en aquel hospital, semanas de preocupación y esperanza, de ver a su hermano mejorar según lo que los médicos consideraban adecuado, según Clarke. La veía cada día, guardaba silencio, controlándose a sí misma, haciendo un fuerte ejercicio de autocontrol para no salirse del vínculo médico-paciente, tal y cómo le había pedido la rubia, sobre todo después de lo que su hermano le contó hacía unas semanas atrás, que Clarke la había arropado y la había besado en la frente. Solo Dios sabe el esfuerzo sobrehumano que tuvo que hacer por no abordarla y pedirle que le explicara por qué había hecho aquello ¿La perdonaba?¿La seguía amando?¿Tenía acaso otra oportunidad?¿Por qué?¿Escondía algún significado detrás?¿Uno al que poder agarrarse? Si no la odiaba ya era un paso importante. Se rindió ante la posibilidad de recuperarla ¿Tenía que tomarse aquello cómo una señal para retomar cualquier acto que la llevara a la reconquista? Estaba loca, si, pero loca por ella y había estado esperando todo aquel tiempo una señal que le diera un poco de alas, por muy insignificante que fuera, podía magnificarla y convencerse de que era lo suficientemente ruidosa como para hacerle caso, porque en realidad no quería rendirse, no quería dejar pasar a Clarke, pagaría las penitencias que hicieran falta si eso significaba que podrían volver a estar unidas justo cómo la necesitaba. Esa chica le había devuelto dos vidas en una sola, la posibilidad de vivirla junto a su hermano y la de escoger la que verdaderamente quería vivir, sin pisar el infierno ni un solo día más y necesitaba recompensárselo, dándole parte de esa vida a ella, siendo lo único que la rubia necesitaba, esta vez sin mentiras, sin teatros, ni culpa, sería la mujer más transparente, necesitaba poder amarla cómo se merecía, crear recuerdos tan fuertes que fueran imborrables, así como la felicidad que existiría en ellos, hacerla tan feliz cómo lo era ella a su lado, mirarla a los ojos sin nada que ocultar y poder besarla después y volverla a besar, hasta que ya no le quedara ninguno dos o tres vidas más adelante y aún así, volver a hacerlo otra vez. Se había imaginado la vida sin ella porque era a lo que se había visto abocada, siempre acompañada por un vacío existencial que solo se esfumaba si volvía a recolocarla en cada uno de los días de su vida. Se enamoró de ella cuando no debió de hacerlo, hizo tantas cosas mal...pero fue su manera de conocerla, aún estaba a tiempo de rectificar o al menos de intentarlo, pero no se perdonaría quedarse de brazos cruzados, Clarke merecía que luchara por ella por mucho que le dijera que no, podía estar a la altura, podía ser suficiente, podía ser todo lo que la rubia necesitaba que fuera para ella, al detalle, de forma milimétrica, y lo sabía porque era lo que le daba la razón de ser ahora mismo, lo sabía porque no existía nada más que quisiera con tanta fuerza, nada que fuera el centro de su universo de forma más reveladora que aquella, la conexión y la intimidad que habían forjado juntas tal vez era la señal más potente, había conseguido cosas con ella que nadie más fue capaz de conseguir y no fue gracias a la mentira, fue gracias a la forma tan escandalosa en la que se había enamorado de Clarke y a la forma en la que Clarke se enamoró de ella, esa era su carta más fuerte, la ganadora ¿Cómo no iba a luchar por lo que tenían y lo que podía llegar a ser? Si le salía mal, al menos su conciencia podría estar tranquila consigo misma. No se olvidaba de lo que sus ojos vieron, de lo que sintió al descubrir la identidad de la persona por la que Clarke se dejó mirar así, por la que se dejó abrazar, pero solo pensaba en que si ella no podría estar con nadie más que no fuera Clarke, mientras la siguiera amando, Clarke tampoco podría sentir nada más por nadie que no fuera ella, en tan solo unos meses no te deshaces de todos esos sentimientos, así que prefería pensar que aquel encuentro, no tenía importancia, o al menos no la suficiente como para cortarse a sí misma las alas, ella era la única que había conseguido liberar a Clarke, no Brooke, si no ella. Era lo único que necesitaba saber.

Llevaba dos semanas con el móvil en la mano, sacando el valor para volver a hablarle o esperando que por algún milagro, fuera Clarke la que le escribiera a ella. Podía usar la excusa de su hermano, pero quería salir de ese bucle, avanzar, no sabía cómo hacerlo, ni quería molestarla, por eso miraba la pantalla bloqueada de su móvil o releía conversaciones antiguas con la rubia con la esperanza de volver a tener alguna nueva. Siempre terminaba volviéndolo a guardar, lamentándose de sí misma y un poco frustrada, diciéndose "A la próxima lo hago" pensando en que encontraría el pretexto ideal.

Nuestras cicatricesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora