San Valentín

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San Valentín, una fecha ñoña dónde tenías que hacerle saber a tu pareja que lo amabas.

Noah me regaló una foto enmarcada de los dos.

Me contó que paró el tiempo para poner la cámara y así volver a ponerse junto a mí, saliendo en la foto cuando despausó el tiempo

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Me contó que paró el tiempo para poner la cámara y así volver a ponerse junto a mí, saliendo en la foto cuando despausó el tiempo.

Muy listo.

-Justo cuándo hice volver el tiempo, tú ya habías puesto tu mano sobre mi hombro estando medio dormido. Incluso durmiendo eres protector- rió dulce.

Sería mi instinto, ahora entiendo porqué suelo despertar fácilmente cuándo no lo tengo cerca.

Yo le regalé ropa, sabía que le agradaba, era muy omeguino y se arreglaba mucho hasta en un apocalipsis.

Omeguino es cómo se les dice a las personas que se arreglan mucho y tienen rasgos suaves. Alfino es cómo se le dice a las personas que tienen rasgos más pronunciados y no se preocupan tanto por su aspecto.

En pocas palabras, si eras un alfa y te decían omeguino, te lo decían de burla. Al igual que decirle a un omega que era alfino. Eran insultos basados en roles de género. Yo no lo pensaba a malas, si Noah quería ser alfino me parecería bien con tal de que fuera feliz.

-Gracias, me encanta el azul- comentó con una gran sonrisa.

-Lo sé, además hace juego con tus ojos- señalé.

Me besó sin pensarlo, él estaba muy agradecido.

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Era por la tarde.

Yo buscaba una camiseta, rápidamente pude deducir quién la tendría.

Fui al cuarto dónde Noah dormía siestas de vez en cuando si yo no estaba en la otra habitación durmiendo.

Al entrar lo vi sollozar. Mi camiseta pasó a segundo plano en mi cabeza.

-¿Que pasa?- pregunté asustado, me acerqué intentando consolarlo.

-Mi nido, no está. Me lo has quitado, eres malo- lloró tapando su rostro entre sus manos.

Yo tenía una norma, pedirle alguna prenda mía si la necesitaba o cada dos domingos pedirle todas (para hacer la lavadora). Hoy no era domingo, y no tocaba lavadora, así que seguramente se espantó al ver que no había ni una sola prenda.

-Te juro que no he tocado tú nido, ya sabes que sólo lo recojo algunos domingos- le hice saber.

Aquí había algo que no cuadraba, si ni él ni yo teníamos mi ropa, ¿quién la tenía?

No tardé en darme cuenta del cabron que lo hizo.

Salí cabreado de la habitación, Noah me seguía. Abrí la puerta del cuarto de ese hijo de puta con fuerza. Y si, el nido del ojiazul se encontraba allí, con un desgraciado encima.

El apocalipsis del poderHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora